El pasado mes de marzo, debido al preocupante aumento de contagios por COVID-19, todas las residencias de ancianos cerraron sus puertas a las visitas. Había que proteger a nuestros mayores de un posible contagio por el virus. Pero, pasados ya siete meses en los que se han mantenido las medidas restrictivas, tal vez merezca la pena revisar qué más ha supuesto este aislamiento sin precedentes.

Para empezar, nuestros mayores han visto considerablemente mermada su vida social en las residencias: aislamientos en sus habitaciones, distanciamiento social, limitación de las actividades grupales y restricciones en las visitas familiares. ¿Habrá algo más duro para una persona mayor que llevar siete meses sin poder abrazar a sus nietos?

Pero, además, muchos residentes se han visto también obligados a prescindir de su rehabilitación logopédica. ¿Cómo es esto?

Actualmente, la inmensa mayoría de residencias no cuentan en su plantilla con un logopeda. Sí cuentan con fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales o psicólogos, sin duda igual de imprescindibles, pero sorprendentemente, el logopeda no tiene presencia en este tipo de centros. Este hecho no tiene mucha explicación si tenemos en cuenta que, en las personas mayores, con frecuencia, por sufrir alguna enfermedad o por un deterioro propio de la edad, se observan alteraciones del lenguaje, habla, voz o deglución, que son precisamente las que rehabilita un logopeda.

Por esta razón, cuando un residente necesita un tratamiento especializado para corregir alguna de estas alteraciones no tiene más remedio que recurrir a los servicios de un logopeda privado y, en la mayoría de los casos, que pueda atenderles a domicilio por su imposibilidad de desplazarse.

Este es, por ejemplo, el caso de Lourdes. Lourdes tiene 72 años y hace un año sufrió un ictus tras el cual empezó a tener dificultades para hablar de forma inteligible y beber sin atragantarse. Por eso su hija, ante la ausencia en su residencia de recursos especializados para tratar las dificultades de su madre, decidió recurrir a una logopeda particular. Lourdes es muy consciente de su situación y trabajaba muy duro junto con su logopeda para ir recuperándose. Así había logrado que, tras varios meses de tratamiento, los demás la entendieran mejor al hablar y había empezado a poder disfrutar otra vez de algunas de las comidas que más le gustan.

Sin embargo, desde el pasado mes de marzo, Lourdes, al igual que otros muchos, tuvo que prescindir de su tratamiento logopédico, ya que no puede recibir visitas de personal externo.

-“¿Cómo vais? ¿Qué tal sigue tu madre?”

-“Pues ahí va, frustrada porque va perdiendo un poco cada día. Ha tenido que volver a usar espesante para beber agua porque otra vez se atragantaba cada vez que bebía y la comida se la vuelven a triturar toda por si acaso… con lo contenta que estaba de no tener que comer solo purés”.

Y es que siete meses sin rehabilitación logopédica pueden suponer un auténtico drama para una persona mayor. Pierden día a día los avances que les ha costado tanto esfuerzo conseguir, y el tiempo hace cada vez más difícil recuperar lo que cuesta tan poco perder.

En definitiva se ven privados de lo más importante en esta etapa: calidad de vida.

¿Podrán recuperar todo lo perdido una vez que todo esto pase? Difícilmente, me temo.

Noemí Sánchez. Neurologopeda. Miembro del Colegio Profesional de Logopedas de la Comunidad de Madrid