Sin duda, estamos viviendo una situación a la que nadie seguramente hubiera pensado enfrentarse en su vida. Una pandemia, donde el confinamiento en nuestros hogares y residencias ha agravado más, si cabe, las situaciones de discriminación por motivo de la edad, situaciones de vulnerabilidad, aislamiento y soledad de muchas de las personas mayores y/o en situación de dependencia.

Esta crisis sanitaria y social causada por la Covid-19, ha expuesto la existencia de numerosos y profundos estereotipos que todavía prevalecen y forjan una visión distorsionada, negativa y uniforme sobre las personas mayores.

Así, durante la gestión de la crisis se han producido diversas actuaciones que suponen una clara discriminación por razón de edad, tanto en el trato diferenciado en algunos protocolos de atención sanitaria, como en la escasa priorización dada en la protección y atención médica a este grupo, cuando era el de mayor riesgo sanitario.

El edadismo y la soledad son realidades que, sin ser nuevas, se hacen visibles ahora, ante la dureza de las situaciones que estamos viviendo.

Habrá quien diga que es un asunto marginal y reducido. No lo es. Una sociedad avanzada no puede permitirse mirar hacia otro lado. Debemos hacer frente a las actitudes, prácticas discriminatorias y abusivas hacia las personas mayores y/o en situación de dependencia que vulneran sus derechos y que inevitablemente aumentan su riesgo de exclusión social.

Las asociaciones de mayores debemos reclamar que nuestros derechos e intereses estén presentes en la agenda pública, no solo en los periodos de crisis donde se ve más latente su vulneración, si no como un compromiso real en el día a día de las agendas de nuestros ayuntamientos, comunidades autónomas e instituciones del Gobierno

Tras 17 años impartiendo seminarios de información, formación y sensibilización a profesionales que trabajan en el ámbito de las personas mayores, creemos que ahora nos toca «alzar la voz» pidiendo a toda la sociedad dignidad, respeto, el cuidado y buen trato que las personas mayores nos merecemos.

Para comunicar esta problemática y concienciar a la sociedad sobre la gravedad del problema, en UDP lanzamos un nuevo indicador social: la desesperanza de vida, que pone el foco sobre las distintas realidades que conforman los malos tratos y abusos a las personas mayores.

Con este nuevo indicador pretendemos que todas las personas de cualquier edad sean conscientes de que tan sólo por estar en una de las situaciones que planteamos en el test de 7 preguntas  (ser mujer u hombre, habitar en el medio rural o urbano, tener o no tener hijos, tener o no una discapacidad, pertenecer o no a un colectivo vulnerable como las personas migrantes o LGTBIQ, tener acceso o no a la sociedad de la información), podemos vernos abocadas durante la vejez a situaciones de discriminación, edadismo, soledad no deseada o maltrato.

Este indicador es un número que simbólicamente representa los años de desesperanza de vida que podríamos tener al llegar a ser mayores. Y ello en un país como el nuestro, cuya longevidad es la segunda mayor del mundo. Entonces, si tenemos tanta vida extra, ¿por qué no vivirla mejor? Nuestros derechos no disminuyen con la edad. 

Os animo a calcular vuestra desESPERANZA en www.desesperanzadevida.org y, sobre todo, a que animéis a vuestras amistades, hijos y nietos a conocer este indicador.  No miremos hacia otro lado, ni silenciemos los derechos y la dignidad de las personas de más edad.

Apostemos por vivir mejor nuestra vejez y la del resto de personas. Apostemos por una sociedad más igualitaria, inclusiva y libre de maltrato y discriminación.

Sin duda, yo tengo ESPERANZA en ello.

Paca Tricio. Presidenta de la Unión Democrática de Pensionistas y Jubilados de España (UDP)