Por Florentino Pérez Raya, presidente del Consejo General de Enfermería de España, socios de Alianza por el Estado de Bienestar.

Tanto los ciudadanos como los profesionales sanitarios miramos al futuro bajo el crisol de la esperanza y la desesperación por momentos. Las vacunas representan el principio del fin de la anómala situación que vivimos. Sin embargo, los efectos adversos -asumibles y normales- han generado una alarma social y una incertidumbre que se suma a los problemas logísticos de distribución de las dosis en este mercado global no exento de intereses y política.

Pero, independientemente de esto, la pandemia ha puesto a prueba nuestro sistema sanitario hasta su límite, nos ha hecho plantearnos qué es lo importante en la vida. Saber que somos presos de decisiones intrascendentes y debates absurdos cuando lo importante es la salud. Los propios profesionales sanitarios, y la sociedad en general, nos preguntamos si este sistema sanitario público y universal que identificamos como uno de los pilares de nuestro Estado del Bienestar para el que trabaja la Alianza por el Estado de Bienestar (ACEB), es un pilar que corre el riesgo de desquebrajarse si no actuamos a ciertos niveles, si no replanteamos su esencia.

La afirmación de que teníamos uno de los mejores sistemas sanitaros del mundo era algo que quizá se asumía como una verdad inmutable. Sin embargo, la demografía, la economía o la política han cambiado mucho en las últimas décadas en nuestro país. En primer lugar, cabría preguntarse si tenemos un sistema sanitario o 17 sistemas sanitarios parcialmente interconectados. ¿Es un mal sistema? No, no es especialmente caro, está cubierto casi todo el territorio, tiene recursos propios de un país avanzado y sin duda cuenta con unos profesionales de gran excelencia que son lo mejor del sistema.

Gasto público en sanidad

El problema es que el gasto público en Sanidad de España en su conjunto debería superar por lo menos un 10% del PIB a Sanidad y no un 6,4 % como sucede actualmente, porque el gasto sanitario es una inversión y hay que priorizarlo. Pero, en general, en lugar de haber hecho ese histórico ejercicio de autocomplacencia a lo mejor habría que haber analizado los indicadores y los datos con la necesaria frialdad y objetividad y después tomar las decisiones adecuadas. La Sanidad es un terreno espinoso y complicado de reformar. A los políticos no les interesa abordarlo y no siempre han escuchado lo que tenemos que decir los profesionales sanitarios, que somos los que mejor conocemos la Sanidad.

Falta de enfermeras

Otra de las debilidades endémicas de la Sanidad española es la falta de enfermeras en casi todos los niveles asistenciales y en otras parcelas de la sociedad como pueden ser los centros educativos. Numerosos estudios demuestran una relación directa entre la falta de enfermeras y la mortalidad y morbilidad de los pacientes. Contamos con 316.000 enfermeras y enfermeros y harían falta entre 120 a 140.000 más para equipararnos a países de nuestro mismo nivel socioeconómico. Estamos a la cola de Europa en número de enfermeras en relación a la población que deben atender, con países como Letonia, Chipre o Grecia.

En algunas comunidades autónomas, la falta de enfermeras compromete la seguridad de los pacientes. Por ejemplo, si hablamos de UCI, un servicio clave en la atención de los pacientes COVID, España también presenta un déficit importante. Según la Sociedad Española de Enfermería Intensiva y Unidades Críticas, la mitad de las UCIs en España tiene una ratio de una enfermera por cada dos pacientes. En el resto hablamos de ratios de una enfermera para tres pacientes o tiene escenarios muy variables.

En otros países europeos, tomemos como ejemplo Reino Unido, la ratio normal es 1 paciente para cada enfermera, pero en la situación actual de pandemia de COVID las recomendaciones internacionales establecen una relación de dos enfermeras para cada paciente ingresado en Cuidados Intensivos por esta causa.

Cambio de paradigma en el sistema sanitario

Debemos afrontar cambios drásticos en nuestro sistema sanitario, un cambio de paradigma. Hay que reformar el sistema para poder ofrecer una respuesta adecuada a las necesidades actuales y futuras de sus usuarios en función de factores tan importantes como el envejecimiento poblacional, el aumento de la cronicidad o la atención sociosanitaria, entre otros.

Es necesario este cambio de enfoque en el Sistema Nacional de Salud “para pasar de estar centrado en la enfermedad a orientarse hacia las personas, hacia la atención de las necesidades de la población en su conjunto y de cada individuo en particular, de manera que la asistencia sanitaria resulte adecuada y eficiente, potenciando la promoción de la salud y la prevención, invirtiendo más en la atención primaria de salud.

Hay que garantizar la continuidad en los cuidados y la atención de los pacientes crónicos, pluripatológicos y dependientes, favoreciendo su autonomía personal, en la medida de lo posible.

En este nuevo modelo organizativo y asistencial las enfermeras y enfermeros pueden y deben convertirse, sin lugar a duda, en una pieza fundamental por sus conocimientos, habilidades, actitudes y juicio profesional a la hora de promover, mantener y mejorar la salud integral y el bienestar de los ciudadanos a lo largo de toda su vida, en un clima humano y humanizado, potenciando el autocuidado y el empoderamiento del paciente, en virtud del cual las enfermeras y enfermeros sean los referentes y líderes en cuidados de la población.