¡Qué ningún abuelo se encuentre solo, es nuestro deseo!

El libro Nuestros mayores. Entre el sufrimiento y la esperanza es un homenaje de cariño y respeto a los mayores que tantos besos y abrazos se perdieron y que hoy recuperaremos. También un recuerdo agradecido al personal sanitario que permaneció y permanece firme en la primera línea del frente; el merecido aplauso de las 20 horas para todo el personal sanitario sigue vigente en el corazón de todos los ciudadanos. Y es una felicitación para aquellos padres que vivieron con garbo la nueva situación de confinamiento y llenaron su hogar de cartulinas y lápices de colores para ofrecer a los vecinos un arco iris con el eslogan “Todo irá bien”.

En el libro encontramos vivencias, citas, historias solidarias, anécdotas y noticias escritas desde la óptica positiva que nos ayuda a avanzar sin decaer y con esperanza, motor de nuestra vida.

Si somos sinceros, reconocemos que el confinamiento y la reclusión en casa al empezar el Estado de Alarma al inicio de la COVID-19 -la pandemia global que asoló a todo el mundo- nos dio tiempo para pensar, para valorar lo que teníamos y reconocer que era necesaria la flexibilidad para adaptarse a los cambios sin lamentaciones estériles y con fortaleza.

Un virus que parecía insignificante nos hizo y nos hace ver que somos limitados, que no somos omnipotentes, que tú y yo no sabemos nada y los sabios tampoco sabían ni saben tanto. Este no ser “sabelotodo” es bueno para la convivencia y fortalece la comunicación entre la familia y las relaciones sociales, más distanciadas hoy porque la pandemia sigue, pero más próximas por la actitud humilde del que no controla todo y comprende mejor a los demás.

Nuestros mayores. Entre el sufrimiento y la esperanzaRecalcamos hoy que los hijos y los nietos han de estar pendientes de sus mayores. Una simple llamada de teléfono al día por parte de un hijo o de un nieto es una oportunidad para hablar de las cosas que han pasado durante la jornada. O mejor aún: con una videoconferencia podemos alegrar a los abuelos que permanecen recluidos en domicilios o residencias esperando este encuentro de felicidad.

Nos duele a todos que la pandemia no finalice y nos consuela la generosidad de tantos héroes del personal sanitario que acompañan y se ocupan de aliviar y consolar a los abuelos contagiados de coronavirus. Reconocemos el papel cariñoso de los enfermeros y enfermeras. Cuidan de toda la parte emocional de sus enfermos y la mayoría de ellos se lamentan de no poder acompañar más tiempo a sus pacientes. Sabemos de su buen hacer y lo agradecemos.

No podemos permitir que se repita la soledad tan dura que se vivió en hospitales, clínicas y residencias de mayores que fueron excepcionales al inicio del coronavirus. La sintieron muchos sanitarios extenuados no solo físicamente, sino psicológicamente, al ver su impotencia para llegar como hubiera sido su deseo a tantos contagiados. Y al tener vidas que se escapaban de sus manos cuando su intención era la de salvarlos.

Concluyo esta reflexión: Siempre aprendemos de nuestros mayores. Agradeceremos con cariño y ternura lo que han hecho por nosotros y la vida que nos dieron y recordaremos todo lo que nos han amado cuando estén más desvalidos. Merecen nuestra cercanía, que los acompañemos y que los consolemos con magnanimidad.

Nuestros mayores son la raíz de nuestra identidad, eslabones de nuestra historia y fundamento de nuestra cultura.

 

Victoria Cardona

Profesora y orientadora familiar.

Autora de Nuestros mayores. Entre el sufrimiento y la esperanza, editado por Luciérnaga de Editorial Planeta.