El Director Gerente del Servicio Extremeño de Promoción de la Autonomía y Atención a la Dependencia, SEPAD, José Vicente Granado, llama la atención del papel tan importante que han jugado los trabajadores sociosanitarios en estos meses de crisis sanitaria. Ellos han sido, asegura, quienes con toda la empatía y el cariño posibles, han ido paliando la falta de afecto, la falta de contacto con sus familiares, de los residentes extremeños, por las limitaciones impuestas por la pandemia. Granado ha hecho balance de la gestión en la región en este último año tan “complicado” resumiéndolo en dos palabras: “dolor y preocupación”. Además, repasa con nosotros las medidas que han sido necesarias para intentar frenar los contagios en las residencias extremeñas y, también, nos adelanta cuál es el “nuevo modelo de atención” en el que ya trabajan en la región.

 

Director, empecemos conociendo cómo se está viviendo esta crisis sanitaria desde el SEPAD.

Yo utilizaría dos palabras concretas, porque son los sentimientos los que te
definen claramente. Una es el dolor por la pérdida de muchas personas. Dolor, sufrimiento por la pérdida de seres queridos y por la pérdida de residentes en muchos de nuestros centros, porque si perder solo una vida es doloroso, imagínate cuando se pierden muchas vidas. Y preocupación por tener residencias que esperemos queden inmunizadas con la vacuna, esa es nuestra esperanza. Estamos preocupados porque aún el virus sigue pululando por todas partes y pueden venir nuevas cepas. Esperemos que la vacuna, y así nos lo están diciendo los datos de salud pública, consiga una inmunidad importante. Estamos esperanzados pero con mucha preocupación ante esta situación.

 

Una situación que se prolonga ya durante un año.

Sí, desde el mes de marzo de 2020 cuando apareció el primer caso en una residencia de Arroyo de la luz, la preocupación ha sido muy grande. Y más cuando llegaron los primeros casos de fallecidos. Cuando, al principio de todo, no tienes una hoja de ruta, cuando no tienes conocimiento de cómo actuar, y cuando el Sistema Sanitario no cuenta con un medicamento que cure a las personas infectadas por este virus, vivimos con mucho miedo de que pu-
diera entrar en las residencias. Y sabemos que cuando hay transmisión comunitaria la entrada del virus en las residencias es explosiva, porque en los centros el contacto de los trabajadores con las personas de edad, que son las más vulnerables, es diario, y los residentes comparten zonas comunes, por eso cuando el virus llega son muchos los contagiados al convivir bajo un mismo techo.

 

¿Cuáles son las principales medidas que se han tomado durante este año?

Se han tomado medidas muy dolorosas que han afectado mucho a los mayores, y somos conscientes de ello. Medidas duras pero eran las que había que tomar para prevenir la entrada del virus en los centros, como restringir las visitas, restringir las salidas del centro de los residentes, establecer un control muy férreo en los centros residenciales para que no entren y salgan personas que, al final, son vectores de transmisión. Aunque en verano se liberaron las medidas, con el proceso de desescalada, después ha habido que cerrar en cuanto aparecía un caso en los centros. También se han blindado los centros durante el proceso de vacunación. Y medidas muy dolorosas al tener que mantener a las personas que tienen COVID en sus propias habitaciones, sin poder salir a las zonas comunes. Han estado encerrados hasta que negativizaron. Estas han sido las medidas más dolorosas que hemos tenido que tomar.

Ahora estamos en un momento esperanzador porque la inmunidad que van generando las vacunas nos ha permitido reabrir ya todas las visitas en los centros de la región y las salidas, con precaución todavía, pero al menos pudiendo tener contacto con los familiares.

 

“La pandemia también ha servido para reflexionar. Y tenemos muy clara la línea a seguir, el nuevo modelo de atención a las personas de edad”

 

¿Preocupa el deterioro que genera en los mayores las medidas restrictivas que ha habido que tomar?

Sí, somos conscientes del deterioro tanto físico como cognitivo que acarrean. Porque cuando reduces la movilidad de las personas con 80 o 90 años, estamos viendo un retroceso cognitivo en ellos, incluso el aumento de demencias. En este sentido me gustaría poner en valor la labor que han estado, y están haciendo, los trabajadores de los centros residenciales, porque ellos han ido paliando esa necesidad y esa falta de afecto de sus familiares, la falta de movilidad. Y nosotros, en el momento en el que ha sido posible, hemos reforzado todos nuestros centros con fisioterapeutas y con terapeutas ocupacionales, para intentar paliar lo que el confinamiento haya podido generar. Hemos aumentado las plantillas de profesionales para activar la rehabilitación física y psicológica a todos los residentes.

 

¿Ese refuerzo también ha llegado a esos profesionales sociosanitarios?

Sí. El Colegio de Psicólogos de Extremadura firmó un acuerdo con la Consejería de Sanidad y Servicios Sociales, gracias al cual el Colegio ha puesto profesionales de psicología al servicio de los profesionales sociosanitarios. No olvidemos que las consecuencias de la pandemia afectan, en primer lugar, a los residentes, después a los familiares y también a los trabajadores, como es lógico. Piensa que el que trabaja en un centro residencial es parte de la familia del señor o de la señora que vive allí, porque le cuidan, le asean, le acarician, le dan de comer, son quienes están todo el día pendiente de ellos, sobre todo de quienes más cuidados requieren, de las personas dependientes. Yo, que durante este tiempo he hablado con muchos de ellos, he comprobado su dolor, cómo sufrían y las secuelas que estaba teniendo esta situación. Ellos han hecho un gran esfuerzo para que los residentes estuvieran lo mejor posible. El refuerzo es importante porque esto le pasa factura a todo el mundo.

 

Los responsables políticos, los encargados de tomar las decisiones,  ¿necesitarán también refuerzo psicológico cuando esta situación pase?

Tengo grabadas en la mente unas palabras del presidente de la Junta de Extremadura, Guillermo Fernández Vara, asegurando que quién piense que esta pandemia no le iba a pasar factura, que sería igual que antes, estaba muy equivocado. Claro que nos pasará factura. A mí, en el ámbito que me compete, imagínate lo que es tener que decidir que se cierran las residencias, que se anulan las visitas, sabiendo lo necesario que es el contacto para la vida de nuestros mayores. Insisto, ha sido muy doloroso. Al igual que lo fue en la primera ola de la pandemia, saber que muchas personas tenían que fallecer solos. Instauramos un protocolo de despedida para las últimas horas, pero incluso así, el dolor ha sido mucho. Y qué decir del duelo. Lo difícil que es no
poder despedirse de tu familiar junto a tus seres queridos, junto a tus amigos. Estas decisiones que ha habido que tomar, han sido muy duras para los responsables políticos. Y claro que pasan factura, que te afectan anímicamente. Además, es algo que te acompañará durante mucho tiempo en tu vida. Somos humanos, somos personas que tenemos nuestro mundo de emociones y de afectos, como todos.

 

 

«Estamos en un momento esperanzador porque la inmunidad que van generando las vacunas nos ha permitido reabrir ya todas las visitas en los centros de la región»

 

¿Está en marcha el estudio de prevalencia del coronavirus entre el personal sociosanitario? ¿Con qué objetivo?

Sí, está en marcha. Es un estudio que pusimos en marcha junto a Salud Pública y seguimos trabajando en ello. Persigue ver la incidencia que ha tenido el virus entre los trabajadores y, ahora con la vacuna, ver también la inmunidad que existe. Se busca tener un conocimiento mayor de un virus que es nuevo, que nadie conocía, ver cómo ha influido en nuestro personal.

 

El pasado mes de diciembre se anunciaba que se crearían nuevas plazas residenciales para dar cobertura a las necesidades de los extremeños en más de una treintena de municipios. ¿Cómo se están articulando?

Efectivamente, subimos en 124 plazas públicas en la región. Durante todo este tiempo la lista de espera de personas dependientes ha seguido creciendo porque no se podían hacer ingresos en los centros residenciales, porque había COVID, porque había que mantener plazas libres como se pedía desde el plan de contin-
gencia, y dejamos el 20 % de nuestras residencias libres para que cuando hubiera COVID, poder tener la capacidad de aislar a las personas contagiadas correctamente. Y eso ha hecho que muchos de los ingresos en estos meses de pandemia se paralizaran. Es cierto que ahora ya estamos recuperando los ingresos, creciendo en este sentido, y nuestro objetivo es seguir creciendo en las plazas residenciales públicas.

 

Pensando en que la inmunidad irá creciendo y permitirá avanzar en otras líneas más allá del virus, ¿cuáles son las principales en las que trabaja el SEPAD para este año?

Tenemos una línea clara a seguir, el Nuevo Modelo de Atención a las Personas de Edad. Además de todo lo negativo que tiene la pandemia, también ha servido para reflexionar y para tomar decisiones. Aunque he de aclarar que son líneas que ya conocíamos, porque en mi primera comparecencia en la Asamblea de Extremadura, ya las abordé y aún no había COVID.

Pero sí es cierto que desde la Junta ya se lleva mucho tiempo pensando que había que abordar la atención a los mayores en las residencias y a los mayores en su entorno. Nosotros tenemos un objetivo claro ahora, en el que queremos trabajar y para el que queremos apoyarnos en los Fondos de Resiliencia de la Unión Europea. Este objetivo es conseguir cambiar el modelo de atención a las personas de edad.

 

¿Cuáles son las líneas de actuación de este Nuevo Modelo?

Este modelo se sustenta en tres patas muy importantes. La primera es evitar la
institucionalización de la persona el mayor tiempo posible. Es decir, que una persona ingrese en una residencia, si puede ser lo más tarde posible. ¿En qué estamos trabajando para conseguirlo? Pues, en reforzar todos los servicios de proximidad, de atención en el entorno, para promoción de la autonomía, e incrementar esos servicios. El Plan de Choque de Dependencia también incide en ello. Es decir, hay que incentivar y reforzar la televigilancia avanzada que ayuda a combatir la soledad, que es uno de los motivos por los que las personas tienen que ingresar en una residencia. Si tenemos un buen sistema que nos permiten las nuevas tecnologías, vamos a poder controlar las necesidades, a poder cubrir su atención, en su casa, en su entorno. Vamos a reforzar nuestros centros de día, los centros pequeñitos de nuestros municipios en Extremadura, los pisos tutelados, como centros de prestación de servicios de la promoción de la autonomía. Facilitando los servicios en su entorno, en su propio hogar, evitaremos que esa persona se institucionalice.

 

Además del refuerzo de los servicios de proximidad, ¿cuáles son las otras dos patas del modelo?

Otra línea de trabajo fija se centra en los cambios necesarios en cuanto a los centros residenciales tanto públicos como privados. Porque sabemos que muchas personas, al final, tendrán que acudir a los centros residenciales porque el grado de dependencia será grande. Queremos hacer un cambio en el Decreto que rige el funcionamiento de estos centros. Es decir, no queremos medicalizarlos, porque sería imposible que hubiera un médico en cada residencia, sería muy costoso y las pensiones precisamente en Extremadura no alcanzarían para ello. Lo que vamos a hacer es reforzar la parte asistencial, la formación de los profesionales, abrir el campo laboral a nuevos perfiles profesionales que el Decreto no recoge pero que sí se cubriría con módulos de Formación Profesional con un perfil más sociosanitario.

Y, con respecto a la tercera pata de la que hablábamos, hemos visto que hay
muchas personas que necesitan atención sanitaria y que tampoco pueden estar ingresados en los hospitales durante meses. Para estos ciudadanos hemos definido ocho centros, uno por cada área de salud de la Comunidad Autónoma (Cáceres, Badajoz, Mérida, Villanueva-Don Benito, Llerena-Zafra, Coria, Plasencia y Navalmoral), que vaya muy enfocados en nuestros pueblos y que estén muy cerquita de hospitales. Es un nuevo modelo de atención residencial a la persona que necesita una larga estancia. Estos centros tendrán, primero, una parta más hospitalaria, más sanitaria, que estamos trabajando junto al Servicio Extremeño de Salud para definir cómo tiene que ser. Otro ala será el modelo dirigido a personas más autónomas que sí puedan vivir comunitariamente. Tipo el cohousing que hacen en otros sitios, pero en estos centros.

También habrá otra parte más enfocada a las demencias, un colectivo muy importante entre las personas mayores, y la última parte más residencial. Además, este centro que hemos diseñado ya tiene capacidad para aislarse por sí solo, y está muy pensado en lo que estamos viviendo en este tiempo de pandemia.