Dinámico y progresivo, con amplia base domiciliaria y comunitaria, con metodología de atención centrada en la persona, con integración de servicios sanitarios y sociales, y con apoyo a los casos complejos desde servicios de geriatría hospitalarios o comunitarios. Así es el modelo de futuro en Cuidados de Larga Duración (CLD), según un manifiesto de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG) y la Real Academia Nacional de Medicina (RANM). Estos expertos consideran que para conseguirlo es necesario incrementar progresivamente el presupuesto dedicado a este grupo de población hasta alcanzar las cifras que manejan los países más desarrollados. Pero no es lo único, existen otras premisas para promover un nuevo modelo de cuidados de larga duración que dé respuesta a las demandas sociales y sanitarias presentes y futuras.

“El cuidado es el primer signo de humanización”, reflexionó la experta en Atención Social Integral y vicepresidenta de Gerontología de la SEGG, Lourdes Bermejo, en la jornada El cambio de los cuidados de larga duración, organizada para la SEGG y la RANM. De esta manera, explicaba que los cuidados son esenciales en la especie humana y que sin ellos no existiríamos. También insistió en que el cuidado es un proceso complejo, diverso y evolutivo. Y que la forma de organizar los cuidados en la sociedad, habla de los valores reales que tiene esa sociedad.

En su opinión, el concepto de cuidado articula dos elementos muy difíciles de conciliar. Por un lado, el derecho de la persona a ser cuidado, pero también la cuestión de quién tiene la responsabilidad de cuidar. “La sociedad de la que venimos, parte de que los cuidados los presta la familia. El avance de las sociedades evoluciona al desarrollo de servicios que la familia (que es la que tiene la responsabilidad de cuidar) adquiera. Y las sociedades a las que nos queremos parecer han ido desarrollando un sistema en el  que la Administración Pública vaya generando servicios para las personas que lo necesiten, de manera que haya una colaboración y un reparto de responsabilidades del cuidado”, explicó Bermejo.

En España, la reflexión sobre los cuidados de larga duración fuera del ámbito familiar tiene poco recorrido. En 2006, la aprobación de la Ley de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las personas en situación de Dependencia constituyó un cambio de paradigma en este sentido, ya que se empiezan a plantear los cuidados como una responsabilidad no solo de la familia, pero su implantación no ha cumplido con las expectativas de asistencia en el cuidado a todas las personas en situación de dependencia.

El Informe del Consejo Económico y Social (CES) sobre El sistema de promoción de la autonomía personal y atención a las personas en situación de dependencia  (marzo 2020) pone de manifiesto la escasa financiación, insuficiente desarrollo de prestaciones y de servicios, limitaciones en la intensidad y calidad de las prestaciones, gran desigualdad territorial en las prestaciones y en el acceso a los servicios (lista de espera), graves dificultades en el sistema de gestión y gobernanza entre los distintos nieles de la Administración, deficiente coordinación sociosanitaria, precariedad laboral de sus trabajadoras y carencias estadísticas y en las bases de información como para saber qué está sucediendo, cuánto está constando, cuántas personas están atendidas. “Se llega a decir que casi un 20 % de la población no es atendida pese a tener derecho. Al final de 2019, aproximadamente 400.000 personas esperaban por algún procedimiento (incluida la valoración) y que los desarrollos normativos con unas diferencias territoriales inexplicables o difícilmente justificables”, indicó la vicepresidenta de Gerontología de la SEGG.

Y si esto sucedía antes de la pandemia, durante la pandemia, esta ausencia de estructuras previas, de coordinación sociosanitaria y de coordinación intersectorial agrava la magnitud de la crisis, afectando a las personas con necesidades de apoyo y cuidados en el entorno residencial y comunitario.

¿Necesitamos un modelo de cuidados de larga duración?

Lourdes Bermejo reconoció que, en España, venimos de un modelo muy despersonalizado: “Las asistencia, muchas veces, está muy masificada, tiene un enfoque y una respuesta simple y homogénea, a pesar de atender a un grupo muy heterogéneo. Hay pocos recursos, pocos servicios, son muy estándar. Por otra parte, el papel que se da a los diferentes agentes (personas mayores, pero también a los profesionales, sus familiares, a la Administración y a la sociedad) está pendiente de desarrollar. Tiene una visión escasa, en relación a las funciones preventiva y rehabilitadora, así como carencias desde una visión ética y de derechos. Además, hay muy poca transferencia de aprendizaje entre territorios, iniciativas, comunidades autónomas y otros países. Y muy poca innovación e investigación”.

Por todas estas razones, se necesita un modelo de cuidados de larga duración. “Pero es necesario que sea un modelo modélico, es decir, que sea ejemplar.  Es importante buscar la referencia de hacia dónde queremos ir. Y necesitamos un proceso de cambio, innovación y reflexión”.

El modelo Sueco

En otros países se ha conseguido establecer modelos de cuidados de larga duración muy interesantes, basados en las necesidades cambiantes de la persona, centrados en los servicios domiciliarios y la adaptación de las viviendas. La clave, según Lourdes Bermejo, el tiempo. Llevan mucho tiempo desarrollándose.  La vicepresidenta de Gerontología de la SEGG puso como ejemplo el modelo Sueco para mostrar cómo lo han hecho y cuánto tiempo han requerido para ello. “No se trata de que copiemos, sino de que analicemos cómo se generan los cambios sociales y culturales que luego cambian las políticas”

En Suecia no hay residencias desde hace más de 30 años. Y eso ha sido posible porque, desde el año 50, se produce una gran expansión de servicios a domicilio (complementados con enfermería a domicilio, patrullas de noche, adaptaciones de la vivienda, ayudas técnicas, teleasistencia, etc.). Fue el primer servicio social dirigido a  toda la población, no solo a las que están en situación de pobreza. En los años 70 aparece ya la idea de la gestión del caso, como una figura  que tiene que gestionar los apoyos tanto de las personas que están en el entorno domiciliario como en algún tipo de institución. En los 80, aprueban la Ley de Servicios Sociales, en la que se observa una participación de los Servicios Sociales en la Política Urbanística, modelos más intergeneracionales, integradores, e inclusivos. A partir de los 90, no se construyen más residencias. La modalidad son viviendas especializadas con asistencia 7 días a la semana, 24 horas al día. En 2006, se produce un gran avance con la supresión de sujeciones mecánicas y farmacológicas. Un año después se establece un sistema de comparación y publicación de servicios y equipamientos tanta públicos como privados.

“Estos cambios han requerido la horizontalidad de ciertas políticas, por ejemplo en este caso, vivienda y políticas sociales, que van de la mano. Porque no se entiende el cuidado de las personas si no es en su casa. También la verticalidad, entendida la coherencia entre las políticas nacionales y, en este caso, la municipal. Además, ha sido relevante la influencia de la evidencia científica y de la ética. Avalado por resultados. Iban realizando pilotajes y luego implementado las políticas de mayor amplitud. No ha faltado la implicación de la ciudadanía (medios de comunicación, asociacionismo, sector profesional y científico, asociaciones de mayores y de familiares) y han ido creciendo y evolucionando con estos cambios políticos, presupuestarios, agentes, etc.”, argumentó la esta especialista en gerontología.

Apuntes sobre un nuevo modelo de cuidados

Como apuntan la SEGG y la RANM en su manifiesto, el modelo de cuidados de larga duración debe ser progresivo y dinámico, empezando por la promoción de la autonomía y escalando progresivamente servicios de más intensidad que incluyan la detección del riesgo, los servicios domiciliarios, los centros de día y de noche, las viviendas con servicios de soporte y, por último y cuando no quede más remedio, las residencias de mayores.

Para ello, el primer paso que sugieren es el de retardar la aparición de la dependencia, combatiendo sus factores de riesgo, e identificando a las personas más frágiles, física, económica y emocionalmente para dedicar a este colectivo una atención preferente e instaurando programas para combatirla.

Además, se debe integrar la atención a las personas más complejas incluyendo tanto los servicios sanitarios como los servicios sociales. En este sentido, “se deben potenciar de forma decidida los servicios de atención domiciliarios, reforzando tanto los equipos sanitarios como los de atención a la dependencia y la atención sanitaria que se dispensa desde los equipos de atención primaria, facilitando la accesibilidad rápida a especialistas en geriatría, tanto en régimen ambulatorio como si se necesita ingreso hospitalario, en las personas más complejas”, reivindican.

La tecnología también representa una baza importante. La SEGG y la RANM sostienen que es necesario incorporar a este modelo nuevas tecnologías que nos permitan la telemonitorización y la vigilancia de las personas más vulnerables. Y también un acceso rápido y seguro a los servicios sanitarios.  

Entre el domicilio y la residencia

En la jornada El cambio de los cuidados de larga duración, el profesor José Manuel Ribera Casado, que estuvo como moderador, afirmó que los cuidados de larga duración no deben limitarse a las residencias de mayores. Además, teniendo en cuenta que la gran mayoría de las personas prefieren seguir viviendo en domicilios cuando sean mayores, incluso teniendo dependencia, los expertos consideran  importante potenciar la atención domiciliaria como alternativa a la institucionalización permanente.  “La base de actuación de un modelo de cuidados de larga duración siempre debe ser el domicilio de la persona y la comunidad o barrio donde vive”, sostienen.

Así lo sugieren también la SEGG y la RANM en su manifiesto conjunto. Ambas entidades científicas destacan que entre el domicilio y la residencia se debe establecer un amplio abanico de servicios para atender a formas de dependencia progresivas que incluyen los centros de día y de noche, viviendas protegidas con servicios y otras formas de viviendas adaptadas. Estos servicios se deben integrar en el urbanismo y las dinámicas de las ciudades y los barrios. De este modo, se consigue la plena integración de las personas con dependencia en la comunidad.

La SEGG y la RANM consideran que las residencias de mayores deben ser el último eslabón de la cadena y solo se debe recurrir a ellas en el caso de que no haya otras alternativas. Y, en el contexto actual. Estos centros deben construirse siguiendo las normas Post-COVID19, en unidades de convivencia pequeñas y abiertas a la comunidad, para facilitar la implantación del modelo de cuidados centrado en la persona.

Aspectos que debe contemplar el nuevo modelo de cuidados de larga duración

En su intervención, Lourdes Bermejo enumeró ocho premisas que debería contemplar el nuevo modelo de cuidados de larga duración:

  • Debe dar soluciones personalizadas e integrales a cada persona (atención centrada en la persona). Debe ser flexible para adaptarse a la necesidad de cuidados en cada momento, favorecer la participación de la persona y el envejecimiento activo y saludable. Tiene que ser una atención integrada, requiriendo cooperación y coordinación intrasectorial e intersectorial. Tiene que llegar a todo tipo de entornos, incluidos los rurales.Y tiene que pilotar sobre la metodología de gestión de casos.
  • Debe estar centrado en el lugar de vida (en mi casa/entorno o “como en mi casa”). Reconocer la importancia del entorno, introduciendo el concepto vivienda como elemento esencial de las políticas públicas; favorecer la normalización de la vida cotidiana: espacios, relaciones, tiempos, ocupaciones, roles, actividades significativas. También debe desarrollar nuevas y plurales alternativas de alojamiento: miniresidencias con unidades de convivencia, viviendas comunitarias, apartamentos con servicios, alojamientos o viviendas compartidas y diferentes fórmulas de viviendas colaborativas, intergeneracionales, etc. y permitir la personalización y la flexibilidad para adaptarse a las necesidades cambiantes de la persona, de tal modo que le permita vivir allí el resto de sus días, sin tener que cambiar de recurso.
  • Debe ser comunitario, contextualizado y con carácter ecosistémico, que facilite la integración y participación en los recursos del barrio/pueblo; esté adaptado a los usos y costumbres de territorios, contextos y culturas y desarrolle procesos de mejora de la amigabilidad de los entornos.
  • Debe estar en consonancia con la sociedad actual, desde un enfoque ético y de derechos. Facilitando la participación, promocionando la autonomía decisoria (de su voluntad). Que incluya procesos de empoderamiento: capacitar (servicios y figuras profesionales para la orientación, asesoramiento) y dar poder, contemplado en los instrumentos de trabajo/organización (que la persona conozca, decida, consienta, ejecute, realice…).
  • Tiene que aplicar logros sociales: conocimientos científicos y tecnológicos actuales, aplicados a la calidad de vida de las personas.
  • Su calidad tiene que ser evaluable. Deben desarrollarse sistemas y procedimientos para su valoración. Y no solo un sus procesos sino también en sus resultados.
  • Tiene que ser gestionado de forma óptima, estar adecuadamente dotado económicamente y ser sostenible. Lourdes Bermejo aseveró que, en España, tenemos un problema de gestión: “Debemos mejorar la gobernanza y la transparencia”. También es imprescindible contar con la financiación pública necesaria, que revisen y se mejoren el sistema de financiamiento y copago, que estimen y valoren adecuadamente las ofertas de prestación de agentes privados (por convenios, licitaciones, pliegos de condiciones…) y no ir a la baja, porque al final la Administración Pública es la responsable de estas gestiones. Por otra parte, la información debe ser comparable para poder aprender y mejorar y poder transferir. Y se debe investigar y generar conocimiento que sirva para la toma de decisiones político y técnicas.
  • Debe ser socialmente valorado. El sector del cuidado debe revalorizarse, haciéndolo más atractivo. Se debe reconocer la labor social y servicio de calidad para las personas. También se debe poner en valor a sus profesionales con mejores salarios, condiciones laborales, capacitación, carrera profesional, reconocimiento de desempeño, etc. Es preciso que se recluten más profesionales de todas las categorías y perfiles dispuestos a trabajar en el sector, porque no hay suficientes. Y resulta importante que se desarrollen procesos de construcción colectiva y sensibilización sobre cuidados, valores y dignidad de todas las personas.

La vicepresidenta de Gerontología de la SEGG considera fundamental hablar sobre los valores y sobre cómo vamos a conseguir entre todos prestar estos cuidados. “Es una responsabilidad de todos, hombres y mujeres. Todos hemos sido dependientes, todos vamos a necesitar cuidados, la pregunta es qué vamos a aportar cada uno de nosotros a esta sociedad de los cuidados”, subrayó.