COVID persistente, un problema sanitario emergente

COVID persistente, un problema sanitario emergente

Cerca de cinco millones de personas se han contagiado de COVID-19 en España y se estima que el 10 % de ellas sufren secuelas, en ocasiones muy severas, después de 12 semanas o más de haber dado resultado negativo en las pruebas. Es lo que se denomina COVID persistente o long COVID, que puede llegar a convertirse en una enfermedad crónica y muy discapacitante. Miles de estos afectados son profesionales sanitarios y sociosanitarios públicos o privados y reclaman una asistencia sanitaria correcta para todos los pacientes, así como la consideración del contagio como enfermedad profesional.

Actualmente, hay más de 500.000 personas con COVID persistente y muchos ellos sufren un cuadro altamente discapacitante. Afecta a las personas que fueron hospitalizadas por COVID-19 agudo y a aquellas que se han recuperado de la enfermedad de manera ambulatoria.

Quienes han padecido tanto COVID-19 leve como grave pueden seguir teniendo síntomas por un tiempo prolongado o desarrollar COVID persistente, y su aparición no está relacionada con la gravedad de la infección inicial.

Los síntomas más comunes son el agotamiento extremo y problemas de memoria y concentración.  A ellos se suman otros como dificultad para respirar, dolor u opresión en el pecho, insomnio, palpitaciones, mareos, dolor muscular, dolor en las articulaciones, depresión y ansiedad, zumbido y dolor en los oídos náuseas, diarrea, dolor de estómago, pérdida de apetito, fiebre, tos, dolor de cabeza, dolor de garganta, alteraciones en el sentido del olfato y del gusto y sarpullidos.

Los pacientes con COVID persistente conviven con uno o varios de estos síntomas. Esta enfermedad les ha cambiado las rutinas, su forma de vida y la tranquilidad, porque viven con la incertidumbre de si podrán recuperar de nuevo su salud y calidad de vida. 

Y es que aún existe mucho desconocimiento en lo que respecta al diagnóstico y, por supuesto, al tratamiento. La que parece claro es que el número de casos crecerá en los próximos meses, y esto implica la necesidad inaplazable de prestar una mayor atención al COVID persistente, generando protocolos de recuperación, dando una respuesta a quienes sufren cuadros agudos que requieren una baja laboral, etc.

“Es lógico que las autoridades se hayan volcado en medidas que frenan el avance de la pandemia, como la vacunación masiva, pero estamos viendo un problema sanitario emergente que hay que empezar a abordar ya”, aseguró la decana del Colegio Profesional de Fisioterapeutas de la Comunidad de Madrid (CPFCM), Aurora Araújo, en la celebración del Día de la Fisioterapia, que el colectivo profesional dedicó al COVID persistente.

Favoreciendo el diagnóstico

Esta experta insistió en la necesidad de atender y valorar correctamente a las personas que haya pasado el COVID y que está viendo reducida su capacidad para continuar con su vida diaria. “No vale con decir que es estrés postraumático, y si es también hay que tratarlo”.

La fatiga, y en concreto la fatiga muscular, es lo que más están tratando en fisioterapia. “Hay pacientes que no pueden salir a caminar como antes, no pueden conducir, notan que las extremidades le pesan tanto que van caminando y el pie se les cae, como si tuvieran un problema neurológico. Y creo que es lo que más les asusta.

Por otra parte está el dolor, que es un síntoma más que incapacita. Y la cuestión no es solo sobrevivir, los pacientes quieren vivir”, apuntó Aurora Araújo

Por eso, advirtió que si una persona que ya haya pasado el COVID, aunque sea con síntomas leves, nota dolor de cabeza persistente, febrícula, sensación de que cuando hace cualquier actividad física está mucho más cansada, o nota torpeza a la hora de resolver problemas, tiene despistes que no tenía, transcurridas 12 semanas, debe consultar a un médico. Porque otra cuestión que se está percibiendo es el infradiagnóstico del COVID persistente.

“Además de que hay pacientes que no acuden a consulta porque no conocen de esta enfermedad y no relacionan los síntomas, también es cierto que, incluso los propios profesionales no han sabido detectar y comprender las complicaciones que conlleva porque carecemos de estudios”, sostuvo la presidenta de la Asociación de COVID Persistente España, Elizabeth Samper, que indicó que, hasta ahora, no existía una unificación de criterios en lo que se refería al COVID persistente.

No obstante, el primer paso ya se ha conseguido y la Organización Mundial de la Salud (OMS) acaba de definir el COVID persistente del siguiente modo: “La afección pos-COVID-19 se produce en individuos con antecedentes de infección probable o confirmada por el SARS-CoV-2, generalmente tres meses después de la aparición de la COVID-19 con síntomas que duran al menos dos meses y que no pueden explicarse por un diagnóstico alternativo. Los síntomas más comunes son la fatiga, la dificultad para respirar y la disfunción cognitiva, pero también se pueden dar otros síntomas que suelen repercutir en el funcionamiento cotidiano del enfermo.

Los síntomas pueden ser de nueva aparición, tras la recuperación inicial de un episodio agudo de COVID-19, o pueden persistir desde el inicio de la enfermedad. Los síntomas también pueden fluctuar o puede haber recaídas con el tiempo. Para los niños, puede ser aplicable otra definición”.

Hasta ahora, la falta de claridad entre los profesionales de la salud acerca de la enfermedad también había complicado que se avance en la investigación y el tratamiento. Pero esta definición oficial supone un paso adelante para estandarizar el reconocimiento de los pacientes con esta condición. También se espera que ayude al personal médico y sanitario a reconocer a los pacientes y a comenzar con los tratamientos e intervenciones adecuados.

Ahora les toca a los responsables políticos y los sistemas sanitarios establecer y aplicar modelos sanitarios integrados para atender a estos pacientes. “Los pacientes necesitamos sentirnos respaldados institucionalmente y que se visibilice más esta enfermedad”, refirió Elizabeth Samper. En el plano sanitario se requiere avanzar hacia un mejor diagnóstico, seguimiento y rehabilitación precoz de la sintomatología, para evitar complicaciones y una merma de la calidad de vida. En este aspecto, la presidenta de la Asociación de COVID Persistente España solicitó un abordaje multidiciplinar: “Requerimos internistas, cardiólogos, neurólogos, neumólogos, fisioterapia y una adecuada atención primaria”.

Fisioterapia como aliado en la rehabilitación

La fisioterapia es un aliado imprescindible en la recuperación de las secuelas del COVID persistente. Ayuda a estas personas a recuperar la movilidad, la fuerza y a mejorar la respiración, entre otros beneficios.

En un primer momento, “solemos trabajar los problemas respiratorios, porque es uno de los órganos diana de la enfermedad. Pero luego también trabajamos el movimiento, la actividad y la reeducación al esfuerzo, para que la persona pueda realizar ejercicio con una buena coordinación respiratoria y sin llegar a esa fatiga. También se hace ejercicio para el dolor,  se enseña el manejo de la enfermedad, que es algo importante. A la educación para la salud se le da menos importancia y, sin embargo, que el paciente tenga manejo de sus síntomas es muy importante para la calidad de vida”, aclaró Aurora Araújo.

Por todo ello, los fisioterapeutas reclaman una mayor presencia en los equipos multidisciplinares que tratan a este tipo de pacientes, para que puedan ayudar a agilizar su recuperación y abordarla en las mejores condiciones. 

Más de 11.000 sanitarios con COVID persistente

Muchos de estos pacientes con COVID persistente son profesionales sanitarios y sociosanitarios. Entre ellos se han asociado para denunciar la falta de apoyo de la Administración Pública y cómo, pese a contraer la enfermedad ejerciendo su labor, sin mascarillas ni EPIS en los primeros momentos, se cataloga su dolencia como enfermedad común y no como enfermedad profesional. Así lo dispuso el Gobierno hace unos meses, pero en la práctica, el Instituto Nacional de la Seguridad Social (INSS) no aplica esa medida.

Las estimaciones iniciales sugieren que 11.000 sanitarios se hallan en esta situación, 2.000 de ellos con una gran incapacidad. Mucho tiempo después de la infección, sufren cansancio extremo, dolores de cabeza, crisis epilépticas, dificultad respiratoria y un amplísimo abanico de síntomas y secuelas del paso del coronavirus por su organismo.

El colectivo Long COVID Acts hace público y visible la situación de tantos y tantos profesionales, que están experimentando un envejecimiento prematuro a nivel físico y mental. En este sentido, son muchas las entidades, organizaciones y sindicatos que están trabajando en apoyo de estos pacientes y profesionales.