fragilidad en las personas mayores

Ejercicio físico para prevenir y revertir la fragilidad en las personas mayores

La salud de las personas mayores debe medirse en términos de funcionalidad y no de enfermedad. Esta funcionalidad permite mayor grado de autonomía, independencia y calidad de vida. En este sentido, la intervención para prevenir o revertir la fragilidad debe ser una prioridad, ya que controlar este factor resulta determinante para la capacidad funcional de las personas mayores y, por supuesto, para su envejecimiento activo.

El abordaje de la fragilidad contribuye a la autonomía personal y previene situaciones de dependencia y discapacidad. Además, puede suponer un importante ahorro de costes sanitarios y sociosanitarios. Y como pieza clave en esta intervención está el ejercicio físico, sobre todo los que favorecen la potencia muscular.

Las autoridades científicas llevan años investigando sobre la fragilidad en las personas mayores: cómo prevenirla, diagnosticarla y tratarla de manera óptima. Y han insistido constantemente  en que es un factor que debe tenerse en cuenta a la hora de diseñar políticas de atención sanitaria dirigidas al bienestar de los mayores.

En España, se estima que un 18 % de las personas mayores de 65 años tienen fragilidad. Lo que supone que existe un importante grupo poblacional con mayor riesgo de pérdida de movilidad, dependencia, discapacidad y deterioro cognitivo, así como a una mayor morbilidad y mortalidad. 

Enfermedades crónicas (hipertensión, enfermedad cardiovascular, diabetes, etc.), sedentarismo y una alimentación poco adecuada, unido a la pérdida continuada de masa muscular y potencia muscular que se produce a medida que se cumplen años, predisponen a una mayor fragilidad y a un empeoramiento de la salud y capacidad funcional.

La buena noticia es que la fragilidad puede prevenirse. Además, también se puede revertir en el 30  o 40 % de los casos. Por lo que el reto está en prevenir, informando y formando a las personas mayores, y en identificar a la población prefrágil para conseguir revertir la situación cuanto antes, porque esto es beneficioso para la propia persona, pero también para el sistema sanitario, ya que una persona con discapacidad consume cinco veces más recursos que otra de la misma edad sin discapacidad.

 

Un 18 % de las personas mayores de 65 años tienen fragilidad

El ejercicio físico, la terapia más eficaz

Ejercicio físico, nutrición, valoración geriátrica e intervención sobre los principales síndromes geriátricos, con un ajuste de la medicación, son los ejes clave que han demostrado eficacia para prevenir e, incluso, revertir el estado de fragilidad.

Por tanto, el abordaje debe tener en cuenta todas esas aristas, pero sin duda la terapia más eficaz hasta el momento es el ejercicio físico. Los estudios manifiestan que reduce la mortalidad y la discapacidad en las personas mayores porque ayuda a mantener la masa muscular, aumenta la fuerza y funcionalidad, estabiliza la densidad mineral ósea y favorece el metabolismo hidrocarbonado y la dinámica cardiovascular.

No es de extrañar que cada vez más expertos aboguen por incluir la prescripción individualizada de ejercicio físico en tratamientos médicos. Un ejemplo es el doctor Mikel Izquierdo Redín, investigador y catedrático de la Universidad Pública de Navarra (UPNA), que ha publicado recientemente un artículo en la revista de Journal of Nutrition, Health & Aging en el que sostiene la necesidad de pautar de forma individualizada programas de ejercicio físico para personas mayores, “sin límite de edad e independientemente de su estado de forma”, porque mejora su independencia funcional, bienestar psicológico y calidad de vida.

Este experto plantea que el desafío para el futuro pasa por “integrar los programas de ejercicio físico en la atención a las personas mayores en los entornos sanitarios —hospitales y centros de salud— y geriátricos”. “Las intervenciones con ejercicio físico en algunos de estos pacientes son actualmente más útiles que las farmacológicas”, añade el investigador de la UPNA.

En el artículo se menciona el papel terapéutico del ejercicio físico como “una estrategia adecuada para la prevención y el tratamiento tanto de la enfermedad como de la disminución de la capacidad funcional asociada a la edad”. Y se incluyen datos de ensayos controlados de forma aleatoria que demuestran los efectos favorables de modalidades específicas de ejercicio físico sobre los cambios fisiológicos relacionados con la edad, la prevención de enfermedades y el tratamiento de adultos mayores con enfermedades crónicas y discapacidad.

fragilidad en las personas mayores

En opinión del doctor Izquierdo Redín, “pocos estudios han explorado el papel potencial de las pautas de actividad física adaptadas a cada individuo para maximizar los efectos relacionados con el ejercicio en las funciones del cuerpo, en la capacidad para realizar actividades de la vida diaria o en otros ámbitos de la capacidad humana, como la reducción de los déficits cognitivos, psicológicos o sensoriales —de visión o audición—, de locomoción o de la vitalidad en los adultos mayores”. Por eso, en este artículo los expertos ofrecen recomendaciones para abordar las lagunas de conocimiento y las necesidades de implementación clínica en este campo”. Para ello, el catedrático de la UPNA se basa en el proyecto que lideró, denominado Vivifrail, que consistía en un programa individualizado multicomponente ideado para promocionar el ejercicio físico en las personas mayores de 70 años, y que obtuvo resultados muy  interesantes: Tras un año de intervención en que los individuos siguieron un programa de ejercicios dos días a la semana, durante 45 minutos, más un programa de educación nutricional, se observó una mejoría significativa en la fuerza, funcionalidad y autonomía. También consiguieron una mejora cognitiva y de disminución del dolor. Además, según sus resultados, la práctica de ejercicio físico tiene un coste favorable para los servicios sanitarios. Los investigadores calcularon que se ahorran alrededor de 700 euros por paciente al año.

 

Importancia de la potencia muscular

En lo que se refiere a la fragilidad, el objetivo principal del ejercicio físico en las personas mayores es conseguir y mantener la potencia muscular. Y es que la potencia muscular es precisamente la variable que influye en la funcionalidad física de las personas mayores.

Investigaciones recientes han confirmado que las personas mayores que tienen una potencia muscular alta viven más años, y además lo hacen con un mayor nivel de autonomía. Pero ¿qué es la potencia muscular exactamente, cuáles son los parámetros que se consideran adecuados para mantener una correcta funcionalidad, cómo podemos trabajarla? Antes de dar respuesta a estas cuestiones, Julián Alcázar Caminero, educador físico-deportivo del Grupo de Investigación de GENUD  (Growth, Exercise, Nutrition and Development) Toledo (Universidad de Castilla-La Mancha) y miembro de CIBER de Fragilidad y Envejecimiento Saludable (CIBERFES), aclara algunos conceptos básicos: “La potencia muscular determina la capacidad de nuestro sistema locomotor para desplazarnos o transportar objetos. Se diferencia de la fuerza muscular en que la potencia muscular también tiene en cuenta la velocidad a la que se realiza el movimiento. Pero aún más importante es la potencia relativa, que es la potencia que pueden producir nuestros músculos en relación con nuestro peso corporal”. Hoy se sabe que esta potencia relativa es uno de los mejores marcadores de la capacidad funcional y calidad de vida de las personas, e incluso se relaciona con el riesgo de mortalidad. Así se ha visto en dos estudios desarrollados por investigadores del CIBER de Fragilidad y Envejecimiento Saludable (CIBERFES) en el Grupo GENUD Toledo (Universidad de Castilla-La Mancha – UCLM) y que se han publicado en las revistas Journal of Cachexia, Sarcopenia and Muscle y Medicine & Science in Sports & Exercise.

 

Las personas mayores que tienen una potencia muscular alta viven más años

¿Cómo se mide la potencia relativa?

Hasta la fecha no existían punto de corte ni valores normativos que permitieran diagnosticar una baja potencia muscular, o simplemente conocer si los niveles de una persona son normales o incluso positivamente altos con respecto al resto de la población, pero estos nuevos estudios han conseguido determinar cuál es el umbral de potencia muscular por debajo del cual se comienza a perder funcionalidad física, así como los valores que determinan que una persona padezca dependencia física grave.

Julián Alcázar Caminero

Alcázar Caminero, investigador de estos estudios, explica que una potencia muscular normal desde el punto de vista de la salud es “aquella que permite realizar actividades de la vida diaria con independencia y sin fatiga excesiva”. En este sentido, unos valores de potencia relativa normales, de acuerdo a sus estudios en población mayor Europea, serían 3,6 W/kg en hombres y 2,9 W/kg en mujeres.

“Cuando la potencia relativa desciende por debajo de 4,5 W/kg en hombres y 4,0 W/kg en mujeres podemos comenzar a observar un descenso leve en la funcionalidad física. Adicionalmente, cuando la potencia relativa desciende por debajo de 2,6 W/kg en hombres y 2,1 W/kg en mujeres podemos observar afectaciones en la funcionalidad física que llegan a afectar a la calidad de vida de las personas. Por ello, estos últimos parámetros han sido establecidos como los puntos de corte por debajo de los cuales debemos intervenir con urgencia”, sostiene este educador físico-deportivo.

Los investigadores ponen el acento en evitar que las personas mayores se acerquen a ese valor mediante programas de intervención con ejercicio físico individualizado dirigido a la mejora de la potencia muscular relativa.

Claves para trabajar la potencia muscular

Según los expertos, una potencia muscular baja se asocia directamente y de manera independiente a otros factores con una peor capacidad funcional, limitaciones y dependencia en actividades de la vida diaria (como el aseo personal o realizar la compra), peor calidad de vida, peor función cognitiva y riesgo de muerte por cualquier causa.

Hasta el momento, el único tratamiento eficaz para la prevención y tratamiento de una potencia muscular baja es un estilo de vida activo. Pero, este estilo de vida activo no debe implicar solamente alcanzar la recomendación mínima de actividad física cotidiana (como puede ser caminar), sino que “también es necesario estar involucrados en programas de ejercicio físico que contengan ejercicios de fortalecimiento muscular, y que estos programas sean supervisados por profesionales con cualificación (como los Educadores Físico-Deportivo)”, matiza Alcázar Caminero.

La recomendación actual -apunta este especialista- es realizar al menos 2 días a la semana de ejercicio físico en los que se realicen ejercicios de fuerza/potencia encaminados a las extremidades inferiores, extremidades superiores y tronco.

Eso, a nivel particular, pero son necesarias acciones globales que prevengan la fragilidad en las personas mayores. En este caso, “cualquier política que fomente un estilo de vida activo y dieta saludable beneficiará a la prevención de la pérdida de potencia muscular. No obstante, de acuerdo a los estudios epidemiológicos que hemos realizado recientemente hemos observado diferentes patrones de envejecimiento de acuerdo a la edad, requiriendo diferentes estrategias de actuación, aunque todos ellos desembocan en una pérdida de potencia muscular relativa”, refiere el investigador de CIBERFES.

Las dos principales fases identificadas en los estudios son las siguientes:

  • Edad entre 40 y 65 años. Son necesarias medidas que eviten la pérdida de potencia específica y el aumento de la masa corporal. Para este sector serían adecuadas políticas que fomentasen la práctica de ejercicio para fortalecer los músculos, así como el fomento de una dieta equilibrada y ejercicio cardiovascular.
  • Edad por encima de 65 años. Son necesarias medidas que eviten la pérdida de potencia específica y la disminución de la masa muscular. Para este sector serían adecuadas políticas que fomentasen la práctica de ejercicio para fortalecer los músculos, y un especial foco a la nutrición en relación a la ingesta de proteínas que ayude a prevenir la pérdida de masa muscular. No obstante, sin los ejercicios de fortalecimiento, es complicado que la alimentación evite la pérdida de masa muscular.

Y sobre todo es fundamental que parámetros como la potencia muscular relativa se incluyan dentro de las valoraciones geriátricas. De hecho, “debería ser uno de los factores prioritarios a evaluar de acuerdo a la evidencia y su relación con numerosas condiciones negativas para la salud, incluyendo el riesgo de mortalidad. Entendemos que en el pasado la evaluación de la potencia muscular era muy complicada en un contexto como la clínica, pero en la actualidad existen herramientas como la aplicación gratuita Power Frail que están al alcance de cualquiera, y que incluso proporciona un feedback sobre el paciente y los posibles objetivos a establecer”.

 

Se recomienda realizar al menos 2 días a la semana de ejercicio físico en los que se realicen ejercicios de fuerza/potencia

Innovación para la detección y gestión de la fragilidad

El interés por el abordaje de la fragilidad crece entre los investigadores, que son conscientes del cambio de paradigma que supone el envejecimiento en nuestras sociedades y la necesidad estar preparados para abordar las necesidades y realidades que pueden surgir. El objetivo de todo ello: dar vida a los años, mejorar el bienestar y disminuir la dependencia.

Para facilitar la evaluación y abordaje de la fragilidad han surgido algunas innovaciones como PowerFrail. Esta aplicación está dirigida a evaluar la potencia muscular y la fragilidad en personas mayores, al tiempo que permite proporcionar, en función de los datos obtenidos, intervenciones individualizadas de entrenamiento físico para la mejora de estas condiciones.

Esta nueva herramienta de e-Health, desarrollada por investigadores del CIBER de Fragilidad y Envejecimiento Saludable (CIBERFES) en el Grupo GENUD Toledo (Universidad de Castilla-La Mancha – UCLM) y el Complejo Hospitalario de Toledo, está ya disponible para dispositivos Android y IOS.

La app, que es una muestra más de cómo los recursos digitales pueden contribuir a proporcionar soluciones para la mejora de la salud (e-Health), está diseñada para su uso por personal sanitario, especialmente geriatras y equipos multidisciplinares que trabajan con las personas mayores en el ámbito clínico, pero es también una herramienta de gran utilidad fuera del ámbito clínico, para colectivos como los educadores físico-deportivo, entrenadores, monitores y otras personas que trabajan en el acondicionamiento físico de las personas de edad.

La nueva app realiza una doble valoración de los pacientes, previa a una propuesta de intervención individualizada. En primer lugar, mide la potencia muscular de la persona a través de un sencillo test de función física, consistente en grabar con el móvil al paciente sentándose y levantándose de una silla. A partir de ahí, la aplicación puntúa el nivel preciso de potencia del sujeto, utilizando para ello un algoritmo en base a valores validados en investigaciones que incluyeron datos de más de 10.000 personas mayores. Según el nivel de potencia obtenido en este test, la aplicación deriva a las recomendaciones que la persona debería llevar a cabo en función de su estado físico.

Además, PowerFrail determina la fragilidad del paciente utilizando el formulario de la escala de rasgos de fragilidad (FTS-5). Así, evalúa la condición de fragilidad en un rango de 0 a 50, a través de 5 ítems: índice de masa corporal, equilibrio, fuerza de agarre, velocidad de marcha y actividad física. Una vez obtenida la puntuación en esta escala, proporciona también recomendaciones de actividad física individualizadas.

La herramienta permite guardar la información de cada paciente registrado para su posterior seguimiento y consulta. PowerFrail tiene la gran ventaja de poder contar en cualquier lugar con un procedimiento establecido, fácil y rápido para evaluar la potencia muscular y la fragilidad en adultos mayores.

En la misma línea,  se desarrolla FRAGICARE, una plataforma tecnológica de gestión de la fragilidad funcional en personas mayores de 70 años usuarias del Servicio de Ayuda a Domicilio (SAD). Sus objetivos son detectar a las personas frágiles o prefrágiles, prescribir actividades para conseguir estilos de vida saludables y poder llevar el control de la realización de las mismas y su condición física diaria.

De este modo, la observación directa de las personas mayores en su entorno domiciliario a través de personas profesionales de ayuda a domicilio puede favorecer y ayudar a la detección precoz de personas en riesgo de fragilidad y a la intervención sobre esa fragilidad.

El proyecto FRAGICARE (proyecto cofinanciado por el programa Hazitek del Gobierno Vasco) nace para desarrollar una plataforma tecnológica y un modelo de gestión que involucra al paciente y a su familia y que implica una coordinación entre el sistema social y el sistema sanitario.

Esta aplicación posibilitará a los sistemas social y sanitario la realización de un seguimiento diario, regular y mantenido en el tiempo de las personas a través de la observación de la evolución de sus parámetros. Para ayudar al SAD en esta observación en domicilio, desde el proyecto FRAGICARE se desarrollará una solución basada en sensórica inercial que permite una cuantificación de la capacidad funcional de la persona y ayuda en la detección precoz de riesgo de fragilidad.

Es un ejemplo más de cómo la tecnología ofrece herramientas eficaces al servicio de la sociedad y sus necesidades, en esta ocasión, para mejorar su salud y bienestar.

Estas innovaciones constituyen un apoyo indiscutible para el abordaje de la fragilidad, pero para su prevención, detección y correcto tratamiento siguen siendo necesaria una mayor sensibilización social y profesional. Estamos ante una problemática con graves consecuencias para la salud y el bienestar, pero que se pueden evitar. Es precisa mayor formación e información, así como un empuje hacia el autocuidado.