Esta pandemia mundial ha puesto en jaque la salud mental de no pocos profesionales sanitarios que han trabajado en primera línea de batalla atendiendo a pacientes con COVID-19.

Los sanitarios han demostrado una vez más, por si alguien tenía dudas, su vocación de servicio a una ciudadanía en shock por todo lo que acontecía. Desde el principio han trabajado sin descanso para solventar uno a uno los problemas que iban surgiendo. Pero, cuando menguó el fragor de las primeras semanas y pudieron ser conscientes de lo que estaban viviendo, muchos notaron agotamiento físico, carga mental y un decaimiento en el estado de ánimo que les estaba pasando factura profesional y personalmente. La necesidad de apoyo psicológico era más que evidente.

Razones de una salud mental mermada

El desconocimiento a lo que se enfrentaban, la incertidumbre, la falta de recursos sanitarios y humanos, horas y horas de trabajo sin descanso, la carencia de equipos de protección, el aislamiento por miedo a contagiar a familiares y amigos y la discriminación social han sido las principales causas que han provocado que esta pandemia por COVID-19 haya mermado la salud mental de los profesionales sanitarios.

Miedo, temor, incertidumbre y frustración son términos que reflejan lo que los compañeros que han estado en primera línea nos han trasladado”, afirma el secretario general del Consejo General de Colegios Oficiales de Enfermería, Diego Ayuso.

Este enfermero explica que la carga de trabajo ha sido tremenda, “los profesionales terminaban su jornada laboral y seguían trabajando porque veían que era necesario. Y luego llegaban a casa y no podía desconectar por todo lo que estaban vivido”.

Por otra parte, intentaban protegerte pero no tenían el material suficiente ni adecuado. “Hemos estado mucho tiempo sin el material de protección”, exhorta Ayuso. Tampoco tenían tiempo para cuidar a los pacientes, por la “presión asistencial tan brutal”. A todo eso se suma el miedo al contagio propio y de familiares y amigos, lo que ha supuesto una ruptura temporal de los lazos afectivos más importantes en estos momentos. “Toda esta situación provocaba mucha ansiedad, temor y miedo. Y también frustración de no poder hacer más”, constata el secretario general del Consejo de Enfermería.

Estudio «Impacto del Sars-Cov-2 en las salud mental de los profesionales sanitarios»

Como consecuencia de todo ello, tras semanas de luchar sin descanso contra la pandemia, fueron apareciendo las primeras muestras de agotamiento físico y mental y otros síntomas más preocupantes.

Según el estudio Impacto del SARS-CoV-2 (COVID-19) en la salud mental de los profesionales sanitarios: una revisión sistemática, coordinado entre otros profesionales por Diego Ayuso, y publicado en julio de este año,  “la salud mental de los profesionales que trabajan en primera línea de batalla se ve comprometida en tiempos de pandemia presentando niveles medio-altos de ansiedad, depresión, preocupación e insomnio, y, en menor medida, estrés”.

La investigación, cuyo objetivo principal era analizar el impacto en la salud mental de los profesionales sanitarios que prestan atención a pacientes durante el brote de SARV-CoV-2, concluyó que un 45 % de los profesionales presentaron niveles medio-altos de ansiedad fruto de lo vivido, un 38 % preocupación e insomnio y alrededor del 20 % depresión. “Y la depresión ya es una patología mental importante”, advierte Ayuso.

Se trata de una reacción normal

La respuesta emocional de los profesionales sanitarios ante la crisis ha sido la esperada, así lo asegura el psicólogo clínico y miembro de la Junta Directiva del Colegio de Psicólogos de Madrid, Pedro Rodríguez. Este especialista, que ha liderado un sistema de apoyo psicológico a la ciudadanía, explica que ante una situación de emergencia como la que hemos vivido es normal tener ciertas reacciones emocionales y afectivas, pero sin caer en la culpabilidad y en pensamientos destructivos que interfieran en el plano profesional y personal: “La angustia, ansiedad y muchos otros trastornos en el estado de ánimo son normales teniendo en cuenta la situación en que estos profesionales han tenido que prestar la atención sanitaria. Como también son normales las reacciones de impotencia y de incapacidad. Y eso, en sí mismo, no constituye un problema. La cuestión es que estos factores puede provocar una serie de pensamientos negativos que arrastran a la persona a creer que no ha estado a la altura, que no ha ayudado lo suficiente, que no vale o que no está capacitado para desempeñar su labor. Y eso es lo que se debe evitar”. Para ello, es fundamental la prevención y la intervención psicológica.

Formar para prevenir

Con el objetivo de evitar secuelas psicológicas y ayudar a los profesionales a gestionar el estrés y la ansiedad y afrontar de manera resiliente la situación laboral que estaban viviendo, durante la pandemia, distintas entidades profesionales y empresariales pusieron en marcha formaciones dirigidas a estos profesionales.

A principios de abril, el Consejo General de Enfermería ya vislumbraba que la situación de emergencia que estaba sucediendo, mantenida en el tiempo, podía acabar suponiendo un impacto psicológico mayor que el enfrentarse a una catástrofe puntual. Así que la Organización Colegial de Enfermería, a través de su Instituto Superior de Formación Sanitaria (ISFOS), organizó un seminario gratuito con herramientas de apoyo psicológico para las enfermeras frente a la pandemia.

El curso estaba dirigido a los enfermeros españoles, pero también al resto de agentes sanitarios o implicados en la atención al paciente (médicos, técnicos en cuidados auxiliares de Enfermería, celadores…) y su finalidad era reforzar su estabilidad emocional ante la situación de ansiedad y estrés a la que están siendo sometidos a causa del coronavirus.

“Queríamos conseguir dos objetivos: valorar desde el punto de vista de la salud mental la epidemia del COVID-19 y su impacto sobre la salud individual, y aplicar las técnicas de higiene mental para evitar la aparición de cuadros de estrés crónico u otros problemas psicológicos”, resalta Florentino Pérez Raya, presidente del Consejo General de Enfermería.

Intervención psicológica, mejor temprana

El apoyo psicológico está siendo un gran aliado para recuperar el equilibrio emocional de los profesionales sanitarios que han estado y están al pie del cañón atendiendo a los pacientes con COVID-19.

El objetivo, según Pedro Rodríguez, es desmontar cuanto antes las falsas creencias que se construyen y se originan acerca de cómo han ocurrido los hechos. Por ello, insiste en que la intervención debe ser temprana: “Una pronta intervención previene que se cronifiquen sensaciones, ideas, pensamientos… Y esto es clave porque, si estas ideas negativas se cristalizan las intervenciones psicológicas y psiquiátricas se convierten en más complejas, tediosas y largas”.

La intervención del psicólogo, en estos casos, consiste en analizar el proceso que ha llevado a la persona a estar en esa situación, y le ayuda a aclarar ideas y a recolocar pensamientos. De esta manera, se evita que sensaciones, reacciones y emociones que surgen como una respuesta normal ante situaciones complejas se conviertan en un problema difícil de cambiar y modificar al tener más rango e identidad desde el punto de vista psicopatológico.

Debido a que ha sido una situación estresante a nivel general, los profesionales no han mostrado reticencia a solicitar asistencia psicológica -de hecho han sido muchos los que han utilizado los recursos e iniciativas que se han puesto en marcha-. Pero no siempre es fácil saber cuándo se precisa apoyo de un profesional de la psicología o la psiquiatría para ayudarnos a superar ciertos trances o acontecimiento inesperados. Por eso, este psicólogo advierte que un signo inequívoco de que se necesita ayuda psicológica es notar alteraciones de conducta que interfieren en la actividad normal de la persona: cambia el estado anímico, dejan de divertirse con cosas que antes les divertían, suspenden relaciones sociales, tienen limitaciones en la actividad profesional, etc. Ante estos síntomas, lo ideal es consultar con un especialista, tan pronto como sea posible.

Iniciativas de asistencia psicológica

El Colegio de Psicólogos de Madrid, consciente del impacto que estaba teniendo la crisis sanitaria entre la ciudadanía y los profesionales, creó un servicio de orientación y asistencia psicológica dirigida a pacientes afectados por el COVID-19, familiares de enfermos fallecidos y también profesionales sanitarios que estaban trabajando en primera línea de batalla. 

El servicio de asistencia a los profesionales sanitarios aún sigue activo, “porque los recursos del servicio público no son suficientes y había mucha demora”, indica Pedro Rodríguez.  

Diego Ayuso constata que el Consejo General de Enfermería y el Consejo General de Médicos llegaron a un acuerdo con el Consejo General de Colegios de Psicólogos para que los enfermeros y médicos contaran con apoyo psicológico telefónico. Y estos servicios se mantienen activos. Además, los diferentes colegios de enfermería de las distintas provincias contrataron psicólogos para atender a sus colegiados. Incluso reconoce que el Consejo General de Enfermería ha contratado un servicio de psicólogos para dar respuesta a las necesidades referentes a salud mental que tengan los profesionales de enfermería.

De cara al futuro

En lo referente a la pandemia, actualmente, la situación parece estar más controlada, pero el apoyo psicológico a los profesionales continua vigente. “Estos servicios de atención psicológica están activos, con un volumen de llamadas importante. La situación parece ir mejorando, pero habrá compañeros que necesitarán apoyo y soporte a largo plazo”, apunta el enfermero Diego Ayudo. Por tanto, es importante que el apoyo se mantenga de manera continuada y durante el tiempo que sea necesario.

Por otra parte, a partir de los resultados del estudio Impacto del SARS-CoV-2 (COVID-19) en la salud mental de los profesionales sanitarios: una revisión sistemática, se debe reflexionar sobre la necesidad de establecer estrategias para prevenir esta repercusión de las pandemias en los profesionales sanitarios.

En este sentido, Diego Ayuso cree que debemos estar preparados y aprender de los errores. Los profesionales deben desempeñar su labor con todas las medidas de seguridad posible y en condiciones óptimas. Por eso, este especialista reclama que se cuente con el material de protección adecuado y los recursos materiales y humanos apropiados. “Estos son aspectos fundamentales para evitar daños en la salud laboral y mental de los profesionales”, resuelve el secretario general del Consejo General de Enfermería.

También la formación de los profesionales sanitarios en la atención de los pacientes críticos y en la gestión de emociones juega un papel fundamental ante emergencias de este tipo.

La crisis sanitaria, económica y social provocada por el coronavirus no ha acabado aún. Por tanto, se debe trabajar en medidas de prevención y de abordaje de la salud mental de los profesionales de la salud, porque si ellos se encuentran bien y seguros eso redundará en una mejor atención de los pacientes que los necesiten. Además, ahorrará costes al sistema sanitario en bajas laborales y tratamientos farmacológicos. Pero ese es otro tema.

Consejos para gestionar las emociones

  • No ocultar la expresión emocional de lo que sientes.
  • No tergiversar los pensamientos erróneos que nos acaban asaltando en la cabeza.
  • No culpabilizarse. En el caso de la pandemia, lo ocurrido no ha tenido que ver con la pericia o capacidad profesional, se han sucedido un cúmulo de circunstancias.
  • No construir un problema de los pensamientos que nos vienen. Hay que darles el sentido que tienen en el contexto que ocurrieron.
  • No ahogar las emociones. Porque cuando se ahogan las emociones llega un momento en que rompe el dique de contención que las sustentan y acaba arrasando. Las emociones hay que canalizarlas y expresarlas.

(*Fuente: Pedro Rodríguez, psicólogo clínico y miembro de la Junta Directiva del Colegio de Psicólogos de Madrid)

Los profesionales sanitarios necesitan…

  • Seguir con el apoyo psicológico.
  • Garantizar las medias y suministro de equipos de seguridad.
  • Dar soporte emocional.
  • Revisar las ratios de personal asistencial para que sea el adecuado, con el fin atender a los pacientes con calidad.
  • Conocimiento y formación sobre el manejo del paciente crítico.

(*Fuente: Diego Ayuso, secretario general del Consejo General de Colegios Oficiales de Enfermería.)