La Sociedad Madrileña de Geriatría y Gerontología (SMGG) aborda en su XXI Congreso controversias geriátricas importantes, como la osteoporosis, desnutrición y medicación intravenosa.

La SMGG celebró, el pasado mes de noviembre, su XXI Congreso en el Hospital Universitario La Paz de Madrid. Bajo el título Controversias en Geriatría se trataron, en un novedoso formato de debate, los temas más problemáticos que surgen en la práctica clínica diaria de los profesionales sanitarios que trabajan con las personas mayores: el tratamiento de la osteoporosis en las personas mayores, la prevención de la desnutrición en el paciente geriátrico, las complicaciones derivadas de la medicación intravenosa de uso hospitalario en residencias, prescripción de ejercicio físico en la persona mayor, etc.

El XXI Congreso de la Sociedad Madrileña de Geriatría y Gerontología (SMGG) fue inaugurado por el consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, Enrique Ruiz Escudero, para el que la Geriatría es un foco clave de su candidatura . En este sentido, destacó la necesidad volver a retomar el plan estratégico de la especialidad y el plan de humanización en el que ya está trabajando conjuntamente con la SMGG; además de apoyar la dotación de servicios humanos y materiales de los geriatras que, en la actualidad, están presentes en todos los hospitales del Servicio Madrileño de Salud.

Por otro lado, el consejero puso énfasis en el hecho de que casi el 100 % de los mayores sienten la soledad en algún momento, contrastando con un dato esencial y es que la prescripción de antidepresivos es más del doble que hace veinte años. “Por ello, dentro del plan regional se contempla una nueva estrategia para paliar la soledad del mayor, promoviendo la colaboración geriátrica integral y multidisciplinar, contando con las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, siendo una obligación si queremos que los ciudadanos quieran seguir disfrutando de una sanidad sostenible, con un servicio asistencial a la vanguardia tecnológica y en donde los profesionales puedan desarrollar su servicio en las mejores condiciones”, expuso Ruiz Escudero.

“Entre todos podemos conseguir un envejecimiento activo, disminuyendo la probabilidad de discapacidad y enfermedad asociada con políticas de prevención ayudando a los mayores para conseguir una alta capacidad funcional y física, apostando por un compromiso activo por la vida”, concluyó el Consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid.

El paciente geriátrico es especialmente complejo: pluripatológico, excluido de los estudios y las guías clínicas no tienen en cuenta su multimorbilidad

Por su parte, la presidenta de la SMGG, Carmela Mañas, afirmó que “con ayuda de la Consejería podremos conseguir una buena coordinación sanitaria, que no solo implique el diagnosticar correctamente, sino una buena trazabilidad del paciente geriátrico, según va pasando por los diferentes niveles asistenciales. Sobre todo porque no existe continuidad asistencial, digitalización de la información y tampoco acceso de todos los profesionales a esa información en tiempo real. Esa es la lucha de todas las instituciones, el poder conseguir lo mencionado”.

Tratamiento de la osteoporosis

La primera mesa de debate que abrió el congreso versó sobre el tratamiento de la osteoporosis en las personas mayores. En ella, la doctora Fátima Brañas, geriatra del Hospital Universitario Infanta Leonor, defendió la importancia del tratamiento de esta patología en mayores. En primer lugar, según datos del Registro Nacional Fractura Cadera, la edad media de las personas que se rompen la cadera es de 87 años, y esto es común en todos los países del mundo. Los pacientes más mayores son los que más se rompen. A mayor edad mayor riesgo. Lo mismo sucede en cualquier fractura por fragilidad: el riesgo aumenta con la edad.  Cuando una persona pasa de los 70 a los 80 años, el riesgo de fractura de cadera se duplica y cuando pasa de 80 a 85 incrementa en un 50 %.

Además, la existencia de tratamientos eficaces respaldan la posición de la doctora Fátima Brañas, dado que en general una de las grandes problemáticas en cuestión de medicación para el mayor es que los ensayos clínicos son elaborados en personas más jóvenes, extrapolando posteriormente los resultados a las personas mayores. En cambio, en este caso no es así, ya que los estudios de los fármacos que previenen la fractura de cadera son testados en mayores, reduciendo eficazmente el riesgo de la fractura de cadera.

En palabras de la doctora Fátima Brañas, “el objetivo con las personas mayores es conseguir que mantengan su calidad de vida y romperse la cadera es una catástrofe y si podemos prevenirla mejor. Siempre que el paciente tenga una esperanza de vida mayor de un año, podemos recurrir a la medicación para evitar la fractura que desencadenaría un final de la vida muy amargo”.

Como contrapunto, la residente de Geriatría del Hospital Universitario Ramón y Cajal, Génesis Olaya Loor, defendió la postura del no, exponiendo que los pacientes mayores de 80 años no están debidamente representados en los estudios, en los que además de disponer de pocos datos no quedan claras las tasas de mortalidad y no tienen en cuenta la influencia de otros factores, como pueden ser la esperanza de vida, la comorbilidad, la polifarmacia o la existencia de otros síndromes geriátricos. En cuanto a las cuestiones éticas, la doctora Olaya Loor expuso la necesidad de explicar al paciente cuáles son los efectos secundarios del tratamiento.

Indicaciones de los suplementos proteicos

La postura del sí fue argumentada por la doctora Pilar Matía Martín del departamento de Endocrinología y Nutrición del Hospital Universitario Clínico San Carlos de Madrid, que sostuvo que las indicaciones en la prescripción de suplementos nutricionales orales sí están bien delimitadas, pero aclaró que, en la actualidad, “no todas las patologías están financiadas. En España se trata la desnutrición dentro de una patología concreta y un paciente determinado y, además, los suplementos orales deben estar incluidos en la oferta. Por ejemplo, aunque el paciente tenga disfagia y esté desnutrido, sólo estará financiado el tratamiento por sonda”.

A la hora de valorar si poner una suplementación oral, la doctora Matía recordó que el proceso “es farragoso puesto que supone revisar si el paciente tiene una de las patologías recogidas en la norma, ver si su situación clínica está contemplada en la normativa, si puede nutrirse con métodos de consumo ordinario o no, si el facultativo está autorizado para ello, si ha cumplimentado adecuadamente el informe y, finalmente, si el producto indicado está en el nomenclátor”.

En contraste, la doctora Samara Palma Milla, especialista en endocrinología y nutrición del Hospital Universitario La Paz defendió la postura del no, centrándose en la importancia de la prevención de la desnutrición en el paciente geriátrico, destacando la necesidad de mejorar el reglamento existente, puesto que el paciente geriátrico es un paciente que tiene un alto riesgo de desnutrición por definición. “Sabemos que la desnutrición aumenta la morbimortalidad de los enfermos. Si bien tenemos un tratamiento eficaz, sin embrago, no podemos tratar a un paciente anciano desnutrido porque no cumple los requisitos de la norma: tiene que estar desnutrido y algo más, cuando en realidad la situación de desnutrición ya coloca al paciente en una posición vulnerable, pero no puedo tratar esa patología por sí sola, dado que no está financiada”, explicó la endocrina.

La doctora puso el ejemplo de ciertas patologías, como es el caso de la sarcopenia, un síndrome geriátrico por excelencia, muy vinculado al estado nutricional del paciente geriátrico que, además de ser un factor de riesgo de morbimortalidad, la baja ingesta proteica de los mayores se asocia a su mayor desarrollo, siendo los alimentos proteicos los que más trabajo les cuesta comer a los mayores y, a pesar de ello, tampoco es posible su tratamiento.

Con la fragilidad ocurre lo mismo, cuando un consumo adecuado de proteínas podría retrasar o disminuir su desarrollo. Sin olvidar las úlceras por presión, patología frecuente en el paciente mayor, ya sea durante el ingreso o en la residencia y para la que la desnutrición es un claro factor de riesgo y aunque todas las guías de práctica clínica recomiendan aumentar la ingesta proteica de estos pacientes, no pueden obtener esos suplementos que favorecerían o permitirían la curación de la compresión.

El quid de la cuestión para esta especialista radica en que la prevención de la desnutrición en el paciente geriátrico por sí sola podría deber tratarse, debido a su eficacia terapéutica en el paciente. Del mismo modo, ve imprescindible la iniciativa de colaboración con la Administración. “Preguntar a los profesionales cuáles son las áreas en las que tienen más dificultades a la hora de tratar al paciente. Estamos ante un tratamiento eficaz para el que faltan indicaciones y de una forma reglada”, aseguró la endocrinóloga…