Las carencias sobre el conocimiento de los antibióticos y las consecuencias sobre su consumo inadecuado, como el desarrollo de resistencias, en la población española mayor de 65 años son dos de los mayores retos que deben afrontar los expertos en salud pública. Por otra parte, en menores de 65 años se detecta una mala comunicación médico-paciente y una falta de confianza en los facultativos. Estas son algunas de las principales conclusiones de un estudio realizado por investigadores del CIBER de Epidemiología y Salud Pública (CIBERESP) sobre los factores de uso de los medicamentos entre la población española, que pretende mejorar la utilización de los antibióticos y, en consecuencia, ayudar a luchar contra los gérmenes resistentes.

Actualmente, el principal reto que deben afrontar los expertos en salud pública gira en torno al COVID-19. Sin embargo, no debemos olvidar otros desafíos también muy importantes como el avance de las resistencias antibióticas, los movimientos antivacunas, la fragilidad o la salud mental. Concretamente, el uso excesivo e inadecuado de antibióticos supone el factor más importante para su ineficacia y el desarrollo de resistencias, que suponen una grave amenaza para la seguridad de los pacientes debido al gran impacto en la morbilidad, la mortalidad y los costes sanitarios.

De ahí la importancia del estudio sobre los factores de uso de los antibióticos en España realizado por el CIBER de Epidemiología y Salud Pública (CIBERESP), dirigido por el grupo de Adolfo Figueiras del Instituto de Investigación Sanitaria de Santiago (IDIS), en la Universidad de Santiago (USC). Se trata, asimismo, del trabajo final del Máster de Salud Pública de su primera autora, Olalla Vázquez. La revista científica Plos One ha publicado recientemente el artículo basado en el mencionado estudio, titulado Actitudes y conocimientos de la población sobre el consumo de antibióticos.

El estudio, realizado en Galicia con 75 participantes, perseguía explorar los conocimientos, opiniones y actitudes de la población general respecto a los antibióticos y las resistencias. Se llevó a cabo a través de 11 grupos focales, la metodología  más apropiada para comprender y describir en profundidad hábitos y comportamientos en la sociedad.

Según explica el investigador del CIBERESP Adolfo Figueiras, coordinador de este trabajo, “las resistencias bacterianas a antibióticos en los últimos años representan un importante problema de salud pública y la asociación entre la utilización, consumo y diseminación de las resistencias antimicrobianas a nivel comunitario, donde la incidencia de uso es mayor, apenas presenta dudas. Y la población, como consumidora de antibióticos, desempeña un papel clave en su desarrollo”.

Estudios cualitativos como el expuesto aportan información de gran interés e importancia y, además, permiten cuantificar el conocimiento y actitudes de la población con respecto a los antibióticos y a las resistencias. El fin último de los investigadores es contribuir a diseñar estrategias e intervenciones dirigidas a cada subgrupo específico, encaminadas a modificar las actitudes relacionadas con los hábitos que intervienen de manera más directa en el uso de los antibióticos. De esta manera, se contribuirá a mejorar la utilización de antibióticos y a solucionar uno de los retos de este siglo: la emergencia de gérmenes resistentes.

España, primer país en el consumo de medicamentos

La mayor parte del uso de antibióticos (entre el 80 % y el 90 %) se produce en el ámbito ambulatorio. En cuanto al consumo, España ocupa el primer lugar entre los países desarrollados (más de 40 dosis diarias definidas (DDD) por 1.000 habitantes al año), cifra que sigue aumentando.  Sin embargo, no hay evidencia de que exista diferencia en la prevalencia de enfermedades infecciosas. Entonces, ¿por qué ese uso inadecuado?

“Uno de los principales problemas es la falta de percepción respecto a que las resistencias antibióticas sean un problema comunitario. Una realidad que se ha detectado, tanto en profesionales de la salud como en la población general. Sin embargo, sabemos que existen múltiples factores que influyen en el uso inadecuado y excesivo de antimicrobianos. Además, están involucrados diferentes actores: médicos, farmacéuticos, pacientes y autoridades sanitarias”, explica la facultativa del Servicio de Medicina Preventiva, Olalla Vázquez.

De hecho, un estudio realizado entre médicos de Atención Primaria demostró que los encuestados consideraban que las resistencias a antibióticos no significaban un problema a nivel comunitario y atribuían la causa, en primer lugar, al incumplimiento terapéutico por parte del paciente, y, en segundo lugar, a la dispensación sin receta médica. Además, la doctora Vázquez apunta que las actitudes que principalmente parecían motivar su prescripción inadecuada eran el miedo a las complicaciones de la patología del paciente, la complacencia ante la presión de los pacientes, la responsabilidad de otros grupos profesionales y las lagunas en el conocimiento.

“Igualmente, en otro estudio realizado entre farmacéuticos de atención comunitaria, se atribuía el problema de las resistencias bacterianas a la dispensación sin receta. En este colectivo, se identificó la responsabilidad externa, la complacencia con el cliente, la indiferencia y la falta de formación continuada”, detalla la investigadora.

A pesar de que en España la venta de antibióticos debe de ir acompañada de prescripción, en el momento del estudio un 35 % de la población los consumía sin consultar al médico. Esto se debe, según la Sociedad Española de Farmacia Clínica, Familiar y Comunitaria (SEFAC) y la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC), principalmente, a su compra sin receta y al uso de “sobrantes” de recetas de patologías previas. 

Como consecuencia más inmediata, la doctora Vázquez subraya que la población “se queda sin una alternativa terapéutica eficaz para tratar infecciones que hasta el momento considerábamos banales”.

Edad y consumo de medicamentos

Los mayores de 65 años demuestran tener más confianza en el médico, pero más carencias en el conocimiento de los antibióticos y de las consecuencias de su consumo.

La causa podría encontrarse en que este grupo de población tiene menor acceso a fuentes de información como Internet y redes sociales. “En nuestro estudio vimos que la información que poseen los pacientes sobre resistencias y antibióticos no suele provenir del personal sanitario. Además, a esta franja de población es más difícil hacerles comprender la problemática y consecuencias del mal uso de antibióticos. Además, generalmente, están más preocupados por la evolución clínica de su enfermedad”, explica la investigadora.

Para un uso racional de los medicamentos, sobre todo en personas mayores de 65 años, la doctora Vázquez destaca la importancia de mejorar las habilidades de comunicación del médico y el farmacéutico para que los pacientes entiendan la no indicación de antibióticos y confíen en el consejo del profesional.

Además, propone la realización de sesiones informativas en los centros de salud y asociaciones culturales y de pacientes, con el fin de implicarles en la importancia de la correcta toma de antibióticos. “En nuestro estudio, detectamos que la población es consciente de sus carencias en el conocimiento y demanda educación sanitaria con información veraz desde el sector sanitario”, asegura la experta.

Mala comunicación y falta de confianza

Respecto a los menores de 65 años, el estudio detecta una mala comunicación médico-paciente y una falta de confianza en los facultativos. La mayoría de los pacientes en este rango de edad “se quejaron del trato y la falta de información por parte de los profesionales sanitarios, lo que afecta a la confianza en el juicio médico. Incluso, los pacientes llegan a presionar al facultativo para que les receten antibióticos, porque no se les informa correctamente de lo que padecen”.

La mala relación médico-paciente se ha visto reflejada en otros estudios. Así, Olalla Vázquez señala que en otra publicación realizada por el grupo de investigación se detectó que alguno de los principales factores determinantes en la prescripción de antibióticos es el miedo a una mala evolución clínica, la complacencia y la falta de tiempo en la consulta. Otra investigación llevada a cabo en estudiantes desveló la falta de formación académica en este aspecto.

“Todos estos factores contribuyen de forma negativa a la comunicación y confianza del paciente en el médico. En el lado positivo, los médicos generalmente se muestran muy interesados en mejorar las habilidades comunicativas y la relación con el paciente”, destaca Olalla Vázquez.

Para contrarrestar esta realidad, su principal propuesta consiste en visibilizar el problema y mejorar las habilidades comunicativas y de relación entre médico y paciente a través de cursos de formación. “En este momento, estamos diseñando un estudio para mejorar la prescripción y uso de antibióticos en Galicia. Otra de las intervenciones que estamos organizando es un curso para mejorar la comunicación médico paciente. Y, próximamente, llevaremos a cabo una intervención multifactorial comunitaria que implique a médicos, farmacéuticos y a la población, a través de cursos de formación específicos y dirigidos”, añade la investigadora.

Diferencia entre resistencias y tolerancia

La población confunde resistencia y tolerancia. De hecho, la investigadora Olalla Vázquez recuerda que ninguno de los grupos encuestados para la realización del estudio recibió información sobre las resistencias por parte del sector sanitario. “En muchas ocasiones, las creencias de la población sobre las resistencias son erróneas. Se trata de un fenómeno por muchos desconocido y, a menudo, se percibe como un problema individual, confundiendo este término con el de tolerancia a los medicamentos. Esto nos hace pensar que existe una mala transmisión de la información entre el sistema sanitario y la población, en cuanto a las resistencias antimicrobianas y al uso de los antibióticos”, subraya.

Por eso, la facultativa defiende la importancia de conocer la diferencia entre ambas:

  • Se entiende por tolerancia el proceso de adaptación del organismo al medicamento. En ocasiones, para producir un mismo efecto en diferentes personas es necesario aumentar la dosis administrada. Esto ocurre con fármacos como, por ejemplo, aquellos que permiten controlar el dolor.
  • Por el contrario, las resistencias antibióticas se producen por la capacidad de las bacterias a adaptarse e impedir al antibiótico ejercer su mecanismo de acción. Esto supone que el antibiótico no es eficaz frente a la bacteria y la infección continua su curso. Se trata de un problema comunitario de salud pública, ya que algunos mecanismos de resistencia pueden transmitirse entre bacterias. De ahí la necesidad de apostar por un uso responsable de antibióticos a nivel individual, pero también colectivo.

“Aunque no podemos acabar con los gérmenes resistentes, sí podemos reducir su incidencia y avance optimizando el uso de antibióticos. También podemos reducir las infecciones que se producen, teniendo en cuenta otras medidas preventivas y mejorando el control de la infección. Además, es esencial la investigación para el desarrollo de nuevas estrategias para tratar las infecciones”, concluye la investigadora.