Aunque aún existen muchas incógnitas sobre el coronavirus SARS-CoV-2, ya se están observando e investigando las primeras secuelas que provoca en las personas que lo han padecido, sobre todo en aquellos casos más graves, que son los de los ingresados en UCI durante varias semanas.

Problemas respiratorios, daño neurológico, atrofia muscular, mialgias, pérdida de apetito, alteraciones en la deglución y también en la voz y el habla, delirum, traumas psicológicos… son algunas de las consecuencias por el COVID-19 que requieren de atención y rehabilitación precoz para que los afectados recuperen su bienestar y calidad de vida.

Hay personas que han padecido el COVID-19 si apenas percatarse de sus síntomas y otras a las que la enfermedad les ha cambiado la vida por completo. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) alrededor de 1 de cada 5 personas que contraen el virus acaba presentando un cuadro grave y experimenta dificultades para respirar. Los problemas respiratorios han sido la principal consecuencia del coronavirus SARS-CoV-2. De hecho, aproximadamente el 15 % de los pacientes desarrollan una neumonía grave por la que un 20 % requieren ingresar en las Unidades de Cuidados Intensivos (UCIs). Pero, según advierte el neumólogo del Hospital General Universitario Gregorio Marañón de Madrid, Francisco Roig, debido a todas las secuelas que están apareciendo “pasa de ser una enfermedad respiratoria en los casos leves a convertirse en una enfermedad multisistémica, que puede considerarse un síndrome, en los casos más graves, porque afecta a varios órganos y funciones”. Este especialista explica que la enfermedad, en los casos más críticos afecta la parte respiratoria, muscular y neurológica.

De este modo, el doctor Roig distingue tres tipos de pacientes:

  • Pacientes leves, que se han recuperado de forma óptima y no han tenido secuelas.
  • Pacientes que han sufrido neumonía, y han estado ingresados durante unos días en el hospital, sin llegar a necesitar entrar en la UCI.
  • Pacientes graves que han estado ingresados en la UCI durante varias semanas.

Los pacientes que han padecido neumonía, cuyo perfil corresponde al de personas mayores de 50 años, se van recuperando, pero más lentamente. “Algunos, pasado un mes o dos meses de su ingreso, aún tienen infiltrados en el pulmón y acusan sensación de fatiga y ahogo cuando caminan; por lo tanto, no acaban de estar del todo bien”, asegura el neumólogo del Hospital Gregorio Marañón. Además, hay otros factores que condicionan esa peor recuperación como el periodo de confinamiento en casa tras el alta que les ha imposibilitado el tener una rehabilitación para mejorar su estado respiratorio y muscular.

El grupo de pacientes más graves responde a aquellos que han tenido un curso crítico de la enfermedad y han estado ingresados en la UCI durante varias semanas o han necesitado ventilación no invasiva. “Ellos son los que peor recuperación están llevando, y nos tememos que nos podemos encontrar secuelas más importantes”, concreta el doctor Roig. En general, se trata de personas mayores, con enfermedades crónicas (hipertensos, diabéticos, EPOC…) y, por lo tanto, pacientes con comorbilidad.

Estos pacientes han sido dados de alta en el hospital, pero prácticamente no han hecho ningún tipo de rehabilitación, ni respiratoria ni muscular, porque el sistema estaba colapsado y ahora “están teniendo serios problemas para poderse mover, levantarse, pasear, para hacer cualquier pequeño esfuerzo. Estamos viendo pacientes que nunca antes habían tenido problemas respiratorios y que ahora  están conectados 24 horas al oxígeno y muy débiles, porque la enfermedad les ha tocado la parte respiratoria, muscular y neurológica”, continua este neumólogo.

Movilización precoz para mejorar la rehabilitación

La movilización precoz debe valorarse en todos los pacientes que llevan más de 48 horas con ventilación mecánica o más de 24 horas sin posición decúbito prono y/o relajación neuromuscular. Es la principal indicación de una guía de consenso que han elaborado la Sociedad Española de Rehabilitación y Medicina Física (Sermef) y la Sociedad Española de Medicina Intensiva, Crítica y Unidades Coronarias (Semicyuc). En ella, se plantea la necesidad de aplicar tratamientos de rehabilitación para las secuelas físicas que padece un número importante de pacientes críticos debido a la inmovilización; y con mayor trascendencia en los que aún están hospitalizados debido a la COVID-19.

Dichas secuelas físicas a medio y corto plazo están englobadas en el síndrome post-UCI y suelen ser principalmente respiratorias y neuromusculares. Se traducen en una importante pérdida muscular y déficits de funcionalidad que impactan de forma negativa en la calidad de vida de los pacientes.

Por eso, el tratamiento para la restauración de las capacidades funcionales respiratorias y motoras  en pacientes con COVID-19 en las UCI (posteriormente en la planta y también al alta hospitalaria) es crucial. En este sentido, la rehabilitación respiratoria y la movilización precoz del enfermo crítico son esenciales durante su hospitalización.

Para llevar a cabo la movilización precoz, Sermef y Semicyuc señalan que es importante, una vez el paciente pase la fase crítica y se encuentre estable, promover la respiración espontánea y la recuperación funcional rápida.

La movilización precoz consiste en ejercicios que se realizan en pacientes que están, por su situación crítica, inmóvil en cama. El objetivo es generarle un estímulo motor y sensitivo de tal forma que mantenga o restablezca la fuerza y la función músculo-esquelética. “Se ha demostrado que la rehabilitación reduce los días de ventilación mecánica, la estancia en la UCI, la aparición de delirium y la debilidad muscular. Es factible, efectiva, segura y eficiente”, indica la doctora María Cruz Martín, jefa del servicio de Medicina Intensiva del Hospital de Torrejón de Ardoz. Además, mejora el perfil de sedación y el pronóstico médico y físico-funcional del paciente.

Debilidad, una de las secuelas más llamativas

La decana del Colegio Profesional de Fisioterapeutas de la Comunidad de Madrid (CPFCM), Aurora Araújo, asegura que una de las secuelas más  llamativa en los pacientes con COVID-19 es “la debilidad, incluso al realizar actividades cotidianas”. Esto se produce por la gran pérdida de fuerza muscular que sufren estos pacientes y que está asociada a una suma de alguna afectación neurológica secundaria al virus, al tiempo de encamamiento para recuperarse, y al uso de medicaciones como corticoides, antivirales y sedantes. Todo ello provoca una marcada discapacidad.

Por otra parte, “estamos observando  miopatías (dolores musculares muy fuertes) características en estos pacientes”, apunta Arujo. Por eso la intervención de los fisioterapeutas es muy importante en los equipos multidisciplinares que trabajan en la rehabilitación de estas personas.

Esta problemática se aborda con protocolos de ejercicio específicos que combinen trabajo de fuerza y resistencia en función de las necesidades del paciente, e intervenciones de fisioterapia respiratoria. Pero, en general, se recomienda actividad de 30 minutos e ir adaptando ejercicios de carga progresiva para alcanzar los requerimientos de cada persona en su vida cotidiana. “Con ello, se consigue una disminución del nivel de dependencia y discapacidad en los pacientes, aunque aún es muy pronto para saber si en los casos más severos la recuperación será completa”, expone esta experta.

Lo que no está claro es la duración de la intervención que precisan estos pacientes para obtener beneficios. “Es muy difícil dar un plazo concreto, tenemos pacientes que comenzaron con síntomas a principios de marzo y aún no caminan más allá de unos metros, y otros se han recuperado en dos o tres semanas”, afirma la decana del CPFCM.

Por tanto, advierte de que es necesario hacer un seguimiento de los pacientes y documentarlo muy bien “porque es imprescindible recopilar series de casos para aprender del comportamiento y afectación que causa el virus”.